William Barrantes
Lorena San Román
Carlos Esquivel
Francisco Javier Flores Zúñiga
Costa Rica lleva décadas construyendo una reputación internacional como país verde, innovador y comprometido con la acción climática. Sin embargo, esa reputación —que alguna vez fue un activo indiscutible— hoy enfrenta un riesgo real: el mundo avanza más rápido que nosotros. Mientras países de todos los continentes consolidan mercados voluntarios de carbono robustos, transparentes y competitivos, Costa Rica sigue atrapada en debates internos, marcos normativos fragmentados y una institucionalidad que no termina de adaptarse a los nuevos tiempos.
El Proyecto de Ley para la Creación del Mercado Voluntario de Carbono(1) llega, por fin, a intentar corregir esa brecha. Pero su discusión legislativa ha dejado claro que no basta con tener buenas intenciones: se necesita precisión técnica, coherencia normativa y visión estratégica. Y, sobre todo, se necesita entender que este mercado no es un capricho ambientalista, sino una herramienta económica indispensable para la competitividad del país.
Un mercado voluntario no es un lujo: es una necesidad económica
El mundo empresarial —desde exportadores agrícolas hasta corporaciones tecnológicas— enfrenta una presión creciente para demostrar reducciones reales de emisiones. Los mercados voluntarios de carbono se han convertido en un mecanismo clave para cumplir metas de sostenibilidad, atraer inversión y acceder a cadenas globales de valor.
Costa Rica, con su trayectoria en conservación, podría ser líder natural en este campo. Pero la realidad es otra: nuestro mercado doméstico es pequeño, rígido y poco atractivo para compradores internacionales. Las Unidades Costarricenses de Compensación (UCC), aunque bien intencionadas, no han logrado posicionarse globalmente. Y mientras tanto, estándares como Gold Standard, VCS o Plan Vivo dominan el mercado mundial.
El proyecto de ley corrige este rezago al abrir explícitamente la puerta a certificaciones internacionales, permitiendo que los proyectos costarricenses compitan en igualdad de condiciones. Esta reforma no solo es técnica: es estratégica. Sin ella, Costa Rica quedaría aislada en un mercado que se mueve por credibilidad, trazabilidad y reconocimiento global.
El riesgo de la doble contabilidad: un tema que no puede ignorarse
Varias diputadas —con razón— han advertido sobre el riesgo de incurrir en doble contabilidad, una violación directa del Artículo 6 del Acuerdo de París. Si Costa Rica no define con claridad qué créditos se contabilizan para metas nacionales y cuáles se exportan al mercado internacional, podría comprometer su reputación climática y enfrentar sanciones diplomáticas.
El proyecto incorpora medidas para evitar este riesgo, pero aún requiere una reglamentación rigurosa. La trazabilidad no es un detalle técnico: es la columna vertebral de cualquier mercado de carbono serio. Sin ella, el mercado se convierte en un espacio vulnerable al fraude, la especulación y la pérdida de confianza.
El debate sobre FONAFIFO: ¿monopolio o actor estratégico?
Las audiencias legislativas revelaron un punto crítico: FONAFIFO no puede seguir siendo el único actor autorizado para gestionar compensaciones. No porque su trabajo sea irrelevante —todo lo contrario— sino porque un mercado voluntario requiere diversidad de actores, competencia técnica y apertura regulada.
El proyecto de ley acierta al permitir que entidades públicas y privadas participen en la generación, certificación y comercialización de créditos. Esto democratiza el mercado, reduce costos y evita cuellos de botella institucionales.
El país rural y los pueblos indígenas: los grandes beneficiarios potenciales
Uno de los argumentos más poderosos a favor del mercado voluntario es su capacidad para generar ingresos en territorios rurales, indígenas y agropecuarios. La inclusión de:
- captura de carbono en suelos,
- agroforestería,
- ganadería baja en emisiones,
- ecosistemas marinos y costeros,
- restauración ecológica,
- y servicios ecosistémicos múltiples,
abre oportunidades económicas reales para sectores históricamente excluidos de la economía verde.
Pero esto solo será posible si el mercado se diseña con accesibilidad técnica, certificación simplificada y asistencia para pequeños productores. De lo contrario, el mercado quedará capturado por grandes empresas y consultoras internacionales.
La gobernanza: el talón de Aquiles del proyecto
El punto más delicado —y más urgente— es la gobernanza. Las audiencias fueron claras: sin supervisión financiera, sin reglas claras para las bolsas de comercio y sin un ente rector definido, el mercado podría convertirse en un espacio vulnerable al lavado de dinero, la especulación y la pérdida de credibilidad.
La reforma al Artículo 8, que incorpora:
- coordinación con SUGEVAL,
- auditoría independiente,
- mecanismos antifraude,
- publicación obligatoria de precios y volúmenes,
- y requisitos de gobernanza para las bolsas,
es un paso en la dirección correcta. Pero debe implementarse con rigor. Un mercado sin confianza es un mercado muerto.
Costa Rica debe decidir si quiere liderar o quedarse atrás
El Mercado Voluntario de Carbono no es solo un instrumento ambiental. Es una pieza clave para:
- la competitividad exportadora,
- la atracción de inversión extranjera,
- la innovación tecnológica,
- la inclusión productiva rural,
- y la transición hacia una economía descarbonizada.
El mundo avanza hacia mercados de carbono más sofisticados, más exigentes e interconectados. Costa Rica tiene todo para ser protagonista: bosques, biodiversidad, institucionalidad ambiental, talento técnico y reputación internacional. Pero nada de eso basta si no actualizamos nuestro marco legal y si no entendemos que la complejidad del mercado global exige flexibilidad, transparencia y visión estratégica.
Conclusión: el momento es ahora
El proyecto de ley no es perfecto —ninguno lo es—, pero incorpora las reformas necesarias para que Costa Rica deje de ser un espectador y se convierta en un actor relevante en el mercado global de carbono. Las audiencias legislativas han enriquecido el texto, han corregido vacíos y han fortalecido su coherencia técnica.
Ahora le corresponde a la Asamblea Legislativa decidir si Costa Rica quiere seguir liderando la acción climática o si prefiere quedarse atrapada en la nostalgia de lo que alguna vez fuimos.
El mercado voluntario de carbono no es una amenaza. Es una oportunidad. Y las oportunidades, cuando se dejan pasar, no regresan.
1. Asamblea Legislativa de Costa Rica. (2025) Comisión Permanente Especial de Ambiente. Expediente Nº 25108: Ley para la Creación del Mercado Voluntario de Carbono de Costa Rica. Iniciativa del Diputado Oscar Izquierdo Sandí y otros señores diputados.
Cambio Político Opinión, análisis y noticias
