El silabario de la Llorona
📻 Un reloj de pared en la madrugada
Escuchar a doña Laura Fernández se ha convertido en un ejercicio de masoquismo monótono. Es como ese tic-tac de un reloj viejo que no deja dormir: repetitivo, predecible y, al final, exasperante. La señora presidenta electa parece haber extraviado el resto del diccionario y solo se sabe una palabra: «mano dura». Todo su discurso gira ahí, como un disco rayado que justifica un sesgo autoritario que ya ni se molestan en disimular.
🦅 El protectorado del «Tío Sam»
Pero no se engañen, la música no es composición propia. Al igual que su tutor Chaves, doña Laura parece haber entregado la batuta a Washington. Mientras Trump y Netanyahu incendian el Medio Oriente en una guerra ilegal que nos va a disparar el precio hasta de los chayotes, ella ni se entera. Su agenda no es nacional; es el silabario fascista que le dictan desde el Norte, donde la seguridad no es un tema, sino el ÚNICO tema para convertirnos en un protectorado con bota militar incluida.
🏚️ El mundo se cae y ella dice: «’Porta mí»
¿Listas de espera en la Caja? «’Porta mí». ¿La agricultura en ruinas y el desempleo estancado? «’Porta mí». ¿El costo de la vida a punto de estallar por la crisis del petróleo? «’Porta mí». Ella está en su burbuja de «seguridad» mientras el país real se cae a pedazos. No hay mirada larga para las pensiones, ni para la educación, ni para la prevención de desastres. Solo hay oídos para las órdenes que vienen de la Oficina Oval.
🦂 El Aguijón
Dime a quién obedeces y te diré qué país estás destruyendo. En Zapote ya no se gobierna, se recita.
¡Manda la parada! Doña Laura anda más perdida que el chiquito de la Llorona, buscando un norte que solo existe en los mapas de Trump mientras ignora el hambre y el colapso que se nos vienen encima. El mundo podría derrumbarse mañana y ella seguiría hablando de «mano dura» frente a un espejo, sin notar que el pueblo ya no aguanta más ocurrencias de cuartel. El Escorpión no se engaña: cuando la única respuesta a los problemas del país es un «’porta mí», lo que tenemos no es una presidenta, es un eco de intereses ajenos que nos va a salir carísimo en la bomba y en el plato de comida. ¡Abran el ojo, que mientras ella busca al chiquito perdido, nosotros somos los que nos estamos quedando sin país!
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