¿Soberanía o Estación de Paso?
✈️ El «Uber» de la degradación
Resulta que ahora Costa Rica no solo exporta piña y café, sino que también importa deportados ajenos, y lo hace cortesía de una funcionaria que necesita puntos desesperadamente con su jefe en Washington. Rodrigo Chaves firmó un acuerdo con Kristi Noem, quien tras ser destituida como jefa del DHS (Seguridad Interior) por Donald Trump y degradada a su puesto actual, parece haber venido a Zapote a buscar una medallita fácil.
El acuerdo permitirá recibir hasta 25 personas por semana enviadas desde los Estados Unidos. Saquen la calculadora: son 1,300 personas al año que el Tío Sam no quiere en su casa y nos las manda a la nuestra, bajo el pretexto de Kristi Noem de que es para que tengan la «oportunidad» de regresar a sus países de origen. La pregunta es obvia: si ya están en un avión en Texas o Florida, ¿por qué no los mandan directo a su país? ¿Desde cuándo somos la escala técnica de la expulsión de una funcionaria en desgracia?
💸 El cuento de que «no nos cuesta nada»
El comunicado dice, con una redacción muy creativa, que Estados Unidos «gestionará» el apoyo financiero y que la OIM se encargará de la comedera y el alojamiento. ¡Ojo a la palabra! «Gestionará» no es lo mismo que «pagará». Es como si un vecino te mete a vivir a un primo lejano en el cuarto de pilas y te dice que él «gestionará» para ver quién compra el diario. ¿Y si la gestión no sale? ¿Y si la OIM se queda sin fondos, como ya ha pasado antes? ¿Qué pasa con esos 1,300 invitados anuales si no pueden ser devueltos a sus países por «peligro o persecución»? ¿Se quedan a vivir en el Parque Central mientras «gestionamos» la realidad?
🦂 El aguijón
Parece que en Zapote confunden la «alianza estratégica» con convertir al país en el patio trasero de la política migratoria de la administración Trump, aceptando clavo ajeno para ayudar a Kristi Noem a recuperar su estatus.
Si el objetivo es que vuelvan a sus países, usen un mapa y mándenlos directo. Usar a Costa Rica como intermediario en un problema que no es nuestro, solo para que una funcionaria degradada tenga algo que reportar en su hoja de servicios, huele más a un favor político desesperado que a una solución humanitaria. ¿Será que nuestra soberanía ahora incluye ser la oficina de objetos perdidos (y deportados) de la Casa Blanca? Manda la parada que nos vendan como un éxito lo que en cualquier otro idioma se llama «hacernos cargo de los desechos políticos ajenos». ¡Abran el ojo!
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