Ectoplasma en Zapote
🕯️ Sesiones de antaño: cuando los espíritus tenían clase
Hubo una época en San José, allá por Barrio Amón y las cercanías de la famosa pulpería «El Ballestero», donde los fantasmas eran educados. En las sesiones de la célebre Ofelia Corrales, los espíritus no venían a insultar por redes sociales; venían a decir cosas bonitas sobre las familias, a materializar flores y, si el ánimo estaba de gala, hasta ponían a cantar al mismísimo Carlos Gardel desde el más allá. En ese entonces, si una mesa levitaba, era por una fuerza misteriosa que asustaba hasta al más pintado, pero al menos era un espectáculo con cierta mística y rigor científico.
🎭 La dictadura y la pizarra mágica
Hasta los Tinoco, con todo su autoritarismo de cuartel, caían rendidos ante el misterio. Cuentan las crónicas que Federico buscaba en el ectoplasma de Ofelia la respuesta al asesinato de su hermano Joaquín. Era una Costa Rica donde los dictadores, cuando ya no confiaban ni en su propia sombra, buscaban la verdad en una pizarra escrita por manos invisibles. Había, dentro de la tragedia, una búsqueda de respuestas que hoy parece haberse perdido en el ruido de los megáfonos y el humo de las conferencias de prensa.
🧹 El «Ectoplasma» de Hoy
Lo malo es que hoy, en pleno siglo XXI, parece que hemos vuelto a las sesiones espiritistas, pero en una versión barata y malintencionada. En Zapote ya no levitan las mesas por misterio, sino que «levitan» los presupuestos por arte de magia. Ya no se escucha a Gardel; ahora escuchamos discursos grabados con guiones que parecen dictados por los mismos fantasmas de la posverdad. Si antes la gente salía asustada de una sesión con Ofelia Corrales por ver lo inexplicable, hoy salimos asustados de las transmisiones oficiales por ver cómo intentan materializar realidades que no existen.
🦂 El aguijón
Al final, extrañamos a la Ofelia de 1910. Aquélla, al menos, tenía la decencia de aceptar que lo suyo era un misterio (o un fraude bien montado). Los «médiums» de la política actual nos quieren vender su humo como si fuera ciencia pura, cerrando embajadas para «limpiar el hemisferio» y moviendo fichas diplomáticas como quien mueve una ouija. Cuidado, que de tanto invocar a los fantasmas del pasado y de jugar con el ectoplasma ideológico, se les va a terminar apareciendo la realidad… y esa no se quita con una «aclaración» elegante.
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