¿Democracia o Lavandería?
💸 La «Caja Chica» de los miles de millones
En la era del SINPE Móvil, la factura electrónica y el control digital, resulta que el oficialismo entrante prefiere el método de la abuela: el colchón. ¿Cómo se transportan 2.700 millones en efectivo? ¿En maletines? ¿En camiones de basura? ¿O es que tienen una «caja chica» del tamaño de un estadio? Manejar el 72% de los gastos en billetes no es una «decisión administrativa», es una estrategia para borrar la huella. La trazabilidad es el peor enemigo de quienes reciben dinero que no pueden explicar.
🌊 ¿Narcoeconomía a la tica?
Pero lo más escalofriante es la paradoja que señala la legisladora: el dinero sobra en las zonas donde el empleo escasea. En nuestras costas y fronteras, donde el hambre aprieta y las oportunidades no llegan, la liquidez fluye como nunca. ¿De dónde sale esa plata si no hay trabajo? La respuesta flota en el ambiente y tiene un nombre que nos debería dar pánico: Narcoeconomía. Costa Rica está inundada de dólares que no vienen del turismo ni de las exportaciones de piña. Vienen de una economía subterránea que ya no se conforma con mover mercancía, ahora parece que quiere comprar la banda presidencial y las curules.
🧐 El silencio de los «fiscalizadores»
¿Dónde está el Tribunal Supremo de Elecciones? Mientras a los partidos pequeños los persiguen por un recibo de café, aquí pasan elefantes blancos cargados de billetes de 20 mil y nadie dice «esta boca es mía». Si permitimos que el billete sucio dicte quién gobierna, ya no estamos en una democracia, estamos en una subasta. Señores diputados que asumen el 1 de mayo: si no le ponen lupa a esta «danza de los millones», prepárense para ser los próximos empleados de una corporación criminal que ya no usa antifaz, sino distintivos de partido político. ¡Qué asco de «soberanía»!
🧐 El reto de fiscalizar en el fango
¿Y qué pasa con el Tribunal Supremo de Elecciones? Más que señalar al árbitro, hay que compadecerlo. Los fiscalizadores del TSE tienen hoy la tarea hercúlea de intentar poner orden en una época donde la decencia política brilla por su ausencia. Es muy difícil hacer que se respete el manual de etiqueta cuando los protagonistas prefieren hacer las cosas «por debajo de la mesa» y no como Dios manda. Mientras el Tribunal intenta rastrear facturas electrónicas, los políticos le pasan por el lado con camiones llenos de efectivo, burlándose de los controles que deberían garantizarnos una democracia limpia. La pregunta no es si el TSE está mirando, sino cómo puede un fiscalizador detener una marea de 2.700 millones de colones cuando la ética de los partidos se hundió en el lodo. ¡Vaya trabajito les dejaron, señores!
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