El Escorpión

¡Función de gala para la impunidad en el Teatro Nacional!

El Escorpión

🎭 El regreso del «hijo pródigo» (y sus mañas)

¡Vaya, vaya! Resulta que en el Ministerio de Cultura son expertos en el arte de la amnesia selectiva. ¿Se acuerdan de Guillermo Madriz Salas? Sí, el mismo que en 2015 salió del Centro Nacional de la Música por la puerta de atrás, después de que la Contraloría (oficio DFOE-DI-2947) recomendara investigarlo por una «tortita» de casi 25 millones de colones en multas no cobradas. En aquel entonces, la «solución» política fue negociar su renuncia para que no hubiera proceso, mientras que a la directora administrativa la mandaron directo a la calle. Pero como en este país la probidad es un concepto elástico, ¡zas!, el señor Madriz regresa años después como Director del Teatro Nacional. ¡La impunidad es el mejor currículum en el mundo de los jaguares!

🏗️ Patrimonio en manos de «viejos conocidos»

Pero el veneno se pone espeso cuando vemos a quién le están soltando la plata para «arreglar» nuestras joyas arquitectónicas. La empresa Grupo Corporativo ByC del Este, representada por el ingeniero Aarón Calderón, se ha convertido en la favorita de la casa. Han acaparado contratos en el Melico Salazar, el CENAC y, por supuesto, el Teatro Nacional. ¿El detalle? Es el mismo ingeniero que Madriz contrató hace años y que, a la fecha, no ha entregado el acta final del edificio de la Compañía Lírica. ¡Por su culpa ese inmueble ni siquiera figura como activo del Estado! Y ahora, sin estudios técnicos que los respalden, se han puesto a «intervenir» el Teatro Nacional. ¡Cuidado! Que no es lo mismo pegar blocks en una cochera que tocar un monumento nacional.

🎨 ¡Ni a los maestros respetan!

Pero si creen que el irrespeto es solo con los ladrillos y el presupuesto, agárrense: resulta que hasta con el arte vivo se meten sin saber. Me cuentan que a la escultura «El Flautista», del maestro Jorge Jiménez Deredia, la mandaron a «pulir» como si fuera el piso de una bodega. ¡Ojo al dato! Esa pieza ni siquiera es propiedad del Teatro Nacional, está ahí en calidad de préstamo, y haberla intervenido sin el criterio del autor tiene al maestro Deredia furioso. ¿En qué cabeza cabe meterle mano a una obra de ese calibre sin consultar? Es la prueba reina de que en esa administración confunden «mantenimiento» con «ocurrencia», y que la mano de obra contratada tiene tanta sensibilidad artística como una aplanadora. ¡Qué falta de clase, señores!

🎟️ ¿Auditoría o Club de Fans?

Y si ustedes se preguntan por qué la Auditoría del Teatro Nacional no dice ni «miau» ante las denuncias de la diputada Ada Acuña sobre inconsistencias en la contratación de artistas, aquí les tengo el dato que pica: el Auditor parece que está muy ocupado disfrutando de la cartelera. Resulta que, durante la gestión de Madriz, el encargado de fiscalizar recibe entradas gratuitas para todos —¡sí, todos!— los espectáculos del Teatro. Una «dádiva» que puede sumar hasta cuatro mil dólares anuales. ¿Cómo va a ser independiente un auditor que tiene el carné de «invitado de honor» otorgado por el mismo a quien debe vigilar? ¡Eso no es auditoría, es un club de fans pagado con nuestros impuestos!

⚖️ ¡Que baje el telón la Contraloría!

Lo que estamos viendo huele a una asociación muy bien aceitada para el beneficio de unos pocos y el riesgo de nuestro patrimonio. Ya la Sala Constitucional tiene un recurso encima para frenar este desmadre técnico en el Teatro. Pero aquí la que tiene que entrar con el garrote es la Contraloría General de la República. No podemos dejar que el «cuido» de la plata pública quede en manos de una auditoría interna que está más pendiente de la función de las ocho que de los balances financieros. ¡Basta ya de negociar renuncias y recetar prescripciones! El patrimonio nacional no es la caja chica de nadie, y mucho menos el escenario para que reincidan quienes ya demostraron que la probidad no es su fuerte.

🦂 Picotazo al cierre: ¡Entradas gratis, cuentas caras!

Tomen nota de este veneno: cuando el que vigila recibe «regalitos» del vigilado, el que pierde siempre es el pueblo. Entre multas perdonadas, obras sin sustento y auditores que aplauden desde la primera fila, el Ministerio de Cultura se está convirtiendo en una cueva de sombras. ¡Nada pica más que descubrir que el «brillo» de la cultura se está usando para tapar el moho de la corrupción! ¡Que se abra el proceso y que salgan los responsables, antes de que el Teatro Nacional termine siendo el monumento a la desvergüenza!

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