¡Trump KO… pero sigue tirando manotazos!
🥊 Un revés de «Súper» Corte
¡Vaya, vaya! Parece que al inquilino de la Casa Blanca le contaron diez y todavía no sabe por dónde le vino el golpe. Resulta que este viernes 20 de febrero, la Corte Suprema de los Estados Unidos —esa misma que él creía tener en el bolsillo— le dio un parado histórico. Los magistrados le recordaron a Donald Trump que él es el Presidente, no el Rey Sol, y que no puede andar inventando aranceles como si fueran «emergencias nacionales» solo porque se levantó de mal humor. ¡Seis a tres fue la paliza judicial! Le dijeron clarito: el poder de cobrar impuestos es del Congreso, no de un decreto mañanero.
📉 El «premio de consolación» del 10%
Pero claro, como buen perdedor que no se rinde, Trump tardó apenas unas horas en sacar un nuevo as de la manga. Ahora dice que, como no pudo por las malas, va por las «otras» malas: un nuevo arancel global del 10% apelando a leyes comerciales de los años 70. ¡Qué necedad! Para Costa Rica, esto es una montaña rusa de emociones. En la mañana celebrábamos que nos quitaban el garrotazo del 15% y para la tarde ya nos estaban recetando un «descuento» forzado que igual nos deja con el agua al cuello. ¡Nos bajaron la fiebre, pero nos dejaron la gripe!
🧂 Acusaciones y berrinches
Lo más divertido (o patético, según se mire) es ver al hombre más poderoso del mundo quejándose de que sus propios jueces están sometidos a «intereses extranjeros». ¡Vaya ironía! El mismo que dice «Estados Unidos primero» ahora acusa a la Corte de ser «políticamente correcta». Mientras tanto, la bolsa de Nueva York subió de alegría apenas supo que los aranceles de Trump eran ilegales. Parece que hasta Wall Street está harto de una economía que se maneja a punta de tuits y berrinches arancelarios.
🦂 Picotazo al cierre: ¡Garrote viejo en mano nueva!
Tomen nota de este veneno: Trump podrá perder en los tribunales, pero su adicción al garrote comercial no tiene cura. Para nosotros, esto significa que la incertidumbre es el nuevo «estado normal». Hoy nos cobran 10, mañana quizás 15, y pasado mañana quién sabe qué otra ocurrencia se le vendrá a la cabeza. Al final, los aranceles son como los impuestos de guerra: los pagan los de abajo para que los de arriba jueguen a la geopolítica. ¡Cuidado! Que un tigre herido es más peligroso, y este jaguar del norte ya demostró que, si no puede morder con la ley, morderá con el capricho.
¡Nada pica más que una «victoria» que llega con un nuevo cobro en la factura!
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