Don Pepe y H. G. Wells

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Carlos Revilla M.

Carlos Revilla

Recientemente llegó a mis manos un vídeo del acto de conmemoración de la Abolición del Ejército, el 1º de diciembre de 1986, en el Museo Nacional, antiguo Cuartel Bellavista. En el mismo lugar, donde 38 años antes, José Figueres Ferrer había dado el mazazo simbólico para disolver el ejército.

Ese día también el presidente de ese entonces, Oscar Arias Sánchez, firmó el decreto donde se declara el 1º de diciembre de cada año, como “Día de la Abolición del Ejército”.

La ceremonia contó con la asistencia del propio don Pepe, quien pronunció un discurso, que me gustó mucho. Por su importancia —que analizaré más adelante—, además por no ser tan largo, hice el esfuerzo de transcribirlo y así poder compartirlo.

Este es el discurso:

Pocos de ustedes recuerdan que esta casa, era la de habitación de don Mauro Fernández. Aquí vivió años don Mauro. Que más quisiéramos hoy que él estuviera vivo, y viera su hogar convertido en un cuartel para la paz.

Aquí han sucedido cosas de valor histórico desde las más humildes, hasta las más trascendentales. Por ejemplo, esa puerta principal, estuvo a punto de ser abierta por mi mano con una llave de oro de contrabando, que nos hizo el dentista don Francisco Jiménez, para meternos de noche y hacer el propio de tomar el cuartel sorpresivamente.

Eso tal vez lo menos importante en la historia de este edificio. Lo más importante es que este es un monumento a don Mauro y un monumento a un pensador inglés al cual los costarricenses no debemos nunca dejar de mencionar: a H. G. Wells.

H. G. Wells descubrió, por falta de un término mejor, descubrió que las fuerzas armadas no se necesitan en un país. Y estaba tan convencido de ello, que en toda su historia universal, lanzada por casi no existentes o como por un error del pasado.

Para mi fue una inspiración nada usual, leer a H. G. Wells, leerle sus comentarios, cuando con tanta naturalidad repetía lo que para mucha gente era una gran herejía: que la fuerzas armadas no se necesitan.

Agradezco mucho al señor presidente de la República, que haya destinado este día a conmemorar la fecha en que los costarricenses tomamos esta decisión.

Agradezco mucho a los señores ministros y demás otros compañeros, y al público aquí presente, que nos han venido a acompañar en esta histórica mañana.

Esta señores, vieja casa en que estamos, es la vieja casa de H. G. Wells, y la vieja casa de don Mauro Fernández.

Muchas gracias.

También, edite un “clip” con el vídeo del discurso, que se puede ver al final.

Aunque corto, el discurso es al mismo tiempo, muy inspirador y revelador. Para mi gran sorpresa, centra su mensaje en el escritor y pensador H. G. Wells. Escritor mayormente de ciencia ficción, es más, uno de su precursores.

¿Y por qué nos habla don Pepe de H. G. Wells?

No está de más, conocer primero un poco la historia de este personaje, del cual poco saben la mayoría de los costarricenses.

Herbert George Wells (1866-1946), más conocido como H. G. Wells, fue un escritor, novelista, historiador y filósofo británico. Es famoso por sus novelas de ciencia ficción y es considerado, junto a Julio Verne, uno de los precursores de este género. Un autor muy prolífico, casi inagotable.

Personalmente he leído dos de sus más famosas novelas: “La guerra de los mundos” y “La máquina del tiempo”, también he visto las películas, que por cierto han tenido a través del tiempo varias versiones. Además de esas dos novelas, también escribió otras consideradas clásicos como “El alimento de los dioses”, “La isla del doctor Moreau”, y “El hombre invisible”. En total más de 50 novelas y una treintena de colecciones de cuentos en el rubro ficción. Un sinfín de libros de historia, ensayos y artículos sobre los más diversos temas.

Wells fue mucho más allá de la ciencia ficción. Era el modelo de un pacifista y un humanista. Cuando abordó el género fantástico lo hizo con un ojo en la aventura y el otro en la denuncia. Es fácil seguir las huellas del imperialismo en “La guerra de los mundos”, “La máquina del tiempo” o “Los primeros hombres en la Luna”.

Hasta aquí algunas pinceladas de este personaje.

Mucho se dijo en su momento, que la idea de abolir el ejército, no había sido original de don Pepe —aún hoy se sigue diciendo—, y que además se llevó a cabo, por la necesidad de tener una excusa para poder deshacerse de la presencia de militares extranjeros, que le estaban creando un serio problema al Gobierno.

Ante tanta mezquindad, de no reconocerle al Caudillo la paternidad de la idea o tratar de demeritar el trascendental acto; nos llega este discurso, como la luz de un faro en una neblina pertinaz, a aclarar todas las dudas. En el, es el propio don Pepe, quien nos dice que se inspiró en Wells, el pacifista, el sempiterno candidato al Nobel de La Paz, para tomar la tan significativa decisión.

Esto no es pecata minuta. Es algo que nos muestra lo grandioso del acto de don Pepe, y que solo alguien de su estatura intelectual y de estadista, lo pudo haber hecho; sabiendo a plenitud lo que esto significaba.

Eso si, con una gran diferencia con respecto a las ideas de H. G. Wells, y es que a don Pepe, a pesar de ser también un pacifista, le tocó ir a la guerra como Comandante en Jefe del Ejército de Liberación Nacional, lo que hace aún más fundamental el acto de Abolición del Ejército.

Es más, se ha dicho mucho, pero vale la pena repetirlo: Figueres ha sido el único General victorioso, en la historia de la humanidad, que ha disuelto su ejército.

Dice don Pepe en su discurso, que el Museo Nacional es la casa de don Mauro Fernández y H. G. Wells, pues yo digo, sin temor a equivocarme, que también ahora, es la casa de José Figueres. Bien ganado que se lo tiene.

Es curioso, como a pesar del tiempo, don Pepe nunca deja de sorprendernos.

Si quieren ver el artículo sobre la Abolición del Ejército que publiqué en el Espíritu del 48, donde se puede leer el decreto firmado por Oscar Arias, pueden hacerlo aquí.

 

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