AMARG y el desierto de Pima │ Tucson, Arizona
Donde el cielo va a morir. Nivel de oscuridad: 4
Es un paisaje surrealista. Bajo el sol implacable de Arizona, filas interminables de B-52, F-4 Phantoms y C-130 descansan envueltos en una capa de polímero blanco (llamado spraylat) para protegerlos del calor. No es solo chatarra; es un banco de órganos tecnológicos. Cada avión está allí para ser canibalizado, preservado por si la historia da un giro oscuro, o simplemente para esperar su turno en la fundición.
A pocos metros, el Pima Air & Space Museum ofrece la contraparte pedagógica. Si en el AMARG las máquinas mueren en silencio, en Pima se exhiben con el orgullo de quien ha sobrevivido. Caminar entre los gigantes de aluminio, como el SR-71 Blackbird o los imponentes transportes de la NASA, es sentir el peso de una ambición humana que siempre buscó llegar más alto, más rápido y, a menudo, de forma más letal.
El destino oscuro aquí no es la muerte física, sino la obsolescencia. Ver cómo billones de dólares en tecnología punta de hace apenas tres décadas terminan convirtiéndose en siluetas blancas sobre la arena nos obliga a preguntarnos: ¿qué de nuestro mundo digital actual terminará así? En Pima y el AMARG, el desierto nos devuelve una imagen especular de nuestra propia vanidad técnica: todo lo que vuela, tarde o temprano, encuentra su lugar en la tierra.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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