Museo de misiles Titán │ Sahuarita, cerca de Tucson, Arizona, Estados Unidos
El silo del juicio final. Grado de oscuridad: 8
Visitar este lugar —aunque sea a través del análisis documental— es enfrentarse a la arquitectura del exterminio. El misil Titán II, de unos 31 metros de altura, todavía se encuentra en su silo, recordándonos una época en la que la paz se mantenía bajo la doctrina de la Destrucción Mutua Asegurada (curiosamente llamada MAD, «loco» en inglés).
Lo más inquietante no es el misil en sí, sino el centro de control. Allí, dos oficiales debían convivir en un espacio claustrofóbico, esperando una orden que, de llegar, significaba que ya no tenían un hogar al cual volver. La tecnología de los años 60 parece hoy rudimentaria —paneles de acero, luces análogas y botones pesados—, pero esa simplicidad era su fuerza: estaba diseñada para funcionar incluso después de un pulso electromagnético nuclear.
El corazón del relato siempre llega al momento de las llaves. Para lanzar el misil, se necesitaba que dos personas giraran sus llaves con una sincronía de fracciones de segundo, separadas lo suficiente para que una sola persona no pudiera hacerlo sola. Es el «ajedrez del espejo» llevado a la realidad más cruda: un juego donde el único movimiento ganador era no jugar.
Hoy, el Silo 571-7 es el único que queda de los 54 que protegían (o amenazaban) el cielo estadounidense. Se mantiene como un museo para que no olvidemos que, en algún momento, la humanidad confió su supervivencia a la infalibilidad de una máquina y a la disciplina de un par de hombres bajo tierra.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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