Casa de Caoba │ San Cristóbal, República Dominicana
Los ecos de la Casa de Caoba. Nivel de oscuridad: 6
Su nombre no es casual. La casa fue levantada con las maderas más finas del país, un símbolo de cómo Trujillo se adueñó no solo de las voluntades, sino de la riqueza natural de la República Dominicana. Caminar por sus tres niveles —hoy saqueados y en ruinas— es imaginar las fiestas decadentes, las decisiones de vida o muerte que se tomaron entre esas paredes y el aislamiento de un hombre que se creía un dios terrenal.
Hay un detalle que estremece a cualquier visitante de este «destino oscuro»: fue de esta casa de donde Trujillo salió la noche del 30 de mayo de 1961 hacia su destino final en la carretera. La Casa de Caoba fue el último lugar donde el dictador se sintió seguro antes de que las balas de la justicia (o de la historia) lo alcanzaran. Hoy, el abandono de la mansión parece una metáfora perfecta: la gloria del tirano terminó convertida en escombros que nadie quiere reclamar.
A diferencia de otros monumentos históricos, la Casa de Caoba no brilla. Huele a humedad y a historia mal contada. Es el recordatorio de que el poder absoluto, por más que se rodee de maderas preciosas y lujos importados, termina siempre en la oscuridad. Visitarla es entender que los dictadores pasan, pero las heridas que dejan en el paisaje y en el alma de un pueblo tardan décadas en cerrar.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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