Castillo del Cerro │ República Dominicana
El palacio rechazado del «Jefe». Nivel de oscuridad: 6
Lo más perturbador de este castillo es que Trujillo, tras ordenar su construcción con los materiales más lujosos del mundo —mármoles italianos, maderas preciosas y techos decorados—, nunca llegó a habitarlo. Al visitarlo, el dictador lo calificó como una «cosa de locos» y una «ostentación excesiva». El rechazo fue tan fulminante que los arquitectos Henry Gazón y Zanetti tuvieron que huir al exilio en Canadá para escapar de la furia del «Jefe». El castillo quedó ahí, como un gigante de piedra rechazado, mientras Trujillo prefería las orgías y bacanales de la mucho más lúgubre «Casa de Caoba».
El diseño del castillo es inquietante: su fachada recuerda la proa de un buque y sus pasillos están llenos de simbolismos. Se dice que el «Salón Chino» tiene Buddhas grabados que parecen vigilar cada movimiento. Durante la dictadura, el lugar estuvo bajo control militar absoluto y hoy, a pesar de albergar una escuela penitenciaria, gran parte de su estructura mantiene una energía pesada. Los lugareños hablan de sombras que recorren los balcones y de un aire de opresión que quedó impregnado en las paredes tras décadas de ser testigo mudo de la era más sangrienta de la isla.
Hoy, el castillo conserva muebles originales y pertenencias de la familia Trujillo, pero también funciona como un centro donde se exponen retratos de las víctimas de la dictadura. Es un lugar de contrastes brutales: la belleza neoclásica de sus escaleras de caracol frente al recuerdo de los crímenes del régimen. Visitar el Castillo del Cerro es entrar en la mente de un tirano que, aun teniendo el palacio más majestuoso del Caribe, prefirió dejarlo morir en el olvido.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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