Día de Muertos │ México
La fiesta de las ánimas en México
La creencia es tan antigua como profunda: las ánimas tienen permiso para volver a la tierra a visitar a sus parientes. Por eso, las casas y cementerios se llenan de Ofrendas, altares domésticos cargados de simbolismo. No falta el agua para calmar la sed del camino, la sal para la purificación, y los platillos favoritos del difunto. Es un banquete para los sentidos donde el pan de muerto y las calaveritas de azúcar nos recuerdan que la muerte también puede ser dulce.
Aunque se celebra en todo el país, hay lugares donde la atmósfera es casi sobrenatural. En la isla de Janitzio, en el lago de Pátzcuaro, los pescadores iluminan el agua con redes de mariposa mientras los panteones se cubren de un manto naranja de flores de cempasúchil. En San Andrés Mixquic, al sur de la Ciudad de México, se lleva a cabo la famosa «Alumbrada», donde miles de velas encendidas en las tumbas eliminan las sombras, creando un paisaje de luces que guía a los espíritus de vuelta a casa.
No se puede hablar de esta fecha sin la presencia de La Catrina, esa calavera elegante creada por José Guadalupe Posada y bautizada por Diego Rivera. Ella representa la esencia misma de la festividad: la muerte no distingue clases sociales ni fortunas. En estos días, el destino oscuro nos enseña que, mientras haya alguien que nos recuerde y nos ponga una foto en el altar, la muerte es solo un estado transitorio y no un adiós definitivo.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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