Alcatraz │ San Francisco, California
Oscuridad: 5
Lo que otorga a Alcatraz su calificación de oscuridad es su ubicación. A diferencia de otros presidios aislados en desiertos o selvas, los reclusos aquí podían ver y escuchar la libertad. En las noches de viento, el eco de las fiestas y las risas provenientes del muelle de San Francisco se filtraba por las rejillas de ventilación. Era un recordatorio constante, cruel y deliberado de un mundo al que nunca volverían a pertenecer.
El corazón de su tiniebla reside en el Bloque D. Las «unidades de aislamiento» eran celdas de acero frío donde los prisioneros eran encerrados en oscuridad absoluta, desnudos y sin contacto humano durante días o semanas. Muchos perdieron la cordura en ese silencio sepulcral, interrumpido solo por el rugido de las olas rompiendo contra las rocas exteriores.
No hacían falta muros imposibles cuando el Pacífico servía de carcelero. Las corrientes traicioneras y las temperaturas hipotérmicas de la bahía convertían cualquier intento de fuga en una sentencia de muerte casi segura. Alcatraz no solo encerraba el cuerpo; asediaba la mente hasta que el prisionero se convertía en una sombra de sí mismo.
Hoy, las celdas están abiertas, pero el aire sigue pesado. Se dice que algunos nunca se fueron, condenados a repetir su sentencia en una isla que se niega a olvidar su pasado.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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