Cementerio de Arlington │ Wasgington D.C.
El bosque de mármol y el silencio eterno. Nivel de oscuridad: 2
El punto más profundo de este destino es, sin duda, la Tumba del Soldado Desconocido. Aquí, el ritual trasciende lo militar para volverse casi místico. Los centinelas del 3.er Regimiento de Infantería custodian la tumba las 24 horas del día, los 365 días del año, bajo tormentas de nieve o el sol más abrasador. El sonido de sus tacones chocando contra el pavimento en un ritmo de 21 pasos es el único latido que rompe el mutismo de las colinas.
Cerca de allí, la Llama Eterna marca el lugar donde descansa John F. Kennedy. Es un punto de peregrinación que nos recuerda la fragilidad del poder y cómo la historia puede cambiar en un segundo en una plaza de Dallas. Pero más allá de los nombres famosos, lo que hace de Arlington un «destino oscuro» es la Sección 60, donde descansan los caídos de las guerras más recientes. Allí, el luto no es historia antigua; es una realidad viva donde todavía se ven flores frescas y cartas recién escritas.
Caminar por Arlington es entender que la muerte tiene una arquitectura propia: la del mármol, el césped impecable y una solemnidad que nos obliga a bajar la voz, no por respeto a la autoridad, sino por respeto al sacrificio.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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