Centralia │ Condado de Columbia, Pensilvania
El pueblo con el infierno bajo sus pies. Nivel de oscuridad: 5
Todo comenzó con algo tan trivial como la quema de basura en un vertedero municipal. Lo que nadie calculó fue que el fuego encontraría una veta de carbón antracita expuesta. Ese chispazo se filtró al laberinto de minas subterráneas que daban vida al pueblo y, desde mayo de 1962, no ha dejado de arder. Los intentos por apagarlo costaron millones, pero el fuego demostró ser indomable: se estima que tiene combustible para arder por 250 años más.
Si el nombre te suena a cine de terror, es porque Centralia fue la inspiración directa para la atmósfera de la película «Silent Hill». Caminar por lo que queda del pueblo es una experiencia surrealista: calles que terminan en la nada, aceras agrietadas por las que emana un humo denso y azufrado, y una vegetación muerta que parece sacada de un escenario apocalíptico. El monóxido de carbono se volvió tan letal que en los años 80 el gobierno expropió el pueblo y reubicó a sus más de mil habitantes.
A pesar de que el código postal fue eliminado en 2002 y de que la famosa «Graffiti Highway» fue cubierta con tierra en 2020 para alejar a los curiosos, Centralia no está muerta del todo. Al día de hoy, solo cinco personas permanecen en sus hogares, tras un acuerdo con el Estado que les permite vivir allí hasta el final de sus días. Es un silencio sepulcral interrumpido solo por el siseo del vapor que sale de las grietas.
Centralia no es solo un pueblo fantasma; es una advertencia humeante sobre la fragilidad de nuestras ciudades y la fuerza imparable de la naturaleza cuando decide cobrarse una deuda.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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