Después de las elecciones

Democracia, derrota y revanchismo

Gilberto Jerez Rojas

Después de las elecciones

Cuando se da un acontecimiento importante para el país como lo son unas elecciones, lo más recomendable es callar ante los que no saben perder también ante los que no saben ganar. Han pasado ocho días, suficientes para reaccionar ante las epidermis erizadas de algunos perdedores que no cesan de tocar tambores de guerra como si fuesen tan fuertes y peligrosos sobre el veredicto del pueblo que habló con plena autoridad.

Después del voto solo queda aceptar la democracia o sabotearla.

Tras la contienda electoral, queda al descubierto un fenómeno más profundo y preocupante que la derrota misma: la incapacidad patológica de ciertos sectores políticos y una prensa agazapada para aceptar la voluntad popular, expresada de forma legal, clara y contundente.

Esta negación no es un simple desacuerdo; es un síntoma de una crisis de legitimidad que amenaza los cimientos del tejido social.

Surgen entonces preguntas incómodas, pero necesarias para un diagnóstico preciso:

  • ¿Representa realmente la fracción legislativa del PLN al partido histórico que dice encarnar, o es el cascarón vacío de una maquinaria clientelista que sobrevive por inercia y miedo?
  • ¿Es el Frente Amplio una expresión genuina de la idiosincrasia costarricense y sus luchas sociales, o el refugio de una izquierda dogmática, confrontativa y ajena a la cultura de diálogo y gradualismo que caracterizó al país?
  • ¿Cree el PAC que la ciudadanía aceptó como válido el simple cambio de siglas (de C a P), como si darle un nuevo nombre pudiera borrar la memoria colectiva de años de desgaste, errores de gobierno, promesas incumplidas y deudas políticas aún pendientes?

Estas interrogantes no son retóricas, al contrario… constituyen el punto de partida imprescindible para descifrar la reacción posterior a las elecciones de estos tres actores más politiqueros que políticos.

Más allá de cómo cada uno quiera maquillar sus resultados, unos llamándolos «resistencia democrática», otros «reposicionamiento táctico», los tres convergen en un mismo patrón conductual: el revanchismo institucionalizado.

Han anunciado, sin ambigüedades, una estrategia de obstrucción sistemática desde la Asamblea Legislativa, presentada cínicamente bajo disfraces retóricos para ocultar la crudeza de sus planes revanchistas:

El eufemismo de “fiscalización rigurosa” o “defensa de las instituciones”

  • Eso no es fiscalización.
  • Eso no es oposición constructiva.
  • Eso es desquite político disfrazado de virtud cívica…

Esta última palabra, por cierto, totalmente desconocida a lo largo de sus actos en su existencia política.

Algunos analistas sugieren, con un optimismo que raya en la ingenuidad, que conviene esperar a que el tiempo, de aquí a mayo, les devuelva serenidad, mesura o una brújula patriótica que no mostraron durante la campaña…

Sin embargo, lo que se observa hasta ahora no es reflexión ni autocrítica, sino exabruptos, discursos cargados de rencor y una reacción visceral que busca, no contrarrestar, sino invalidar el veredicto del voto…

Que mal retrato de quienes han directamente contribuido a la polarización y confrontación retórica vestidas de patriotismo durante todos estos años.

Ante tales exabruptos conviene decirlo con la contundencia que el momento histórico exige: el voto es el límite real y sagrado de nuestra democracia. Es el único momento en que la voluntad abstracta del soberano se materializa en un acto concreto e irrevocable. Desconocerlo, relativizarlo o intentar vaciarlo de legitimidad a través de la desestabilización parlamentaria no es ejercer control político; es socavar el propio sistema que dicen defender, dinamitando desde dentro la credibilidad del proceso.

El PLN: Sobrevivir no es entender

El PLN, otrora partido central del desarrollo y la estabilidad costarricense, logró en esta elección un número de diputados que incluso a su propia dirigencia debió sorprenderle.

Evitó el entierro político, pero, otra vez, no aprendió la lección.

Su “resurrección” no se debe a un renacimiento ideológico ni a la figura del candidato, sino a una maniobra de último momento… En los días finales de campaña se produjo un giro estratégico tan evidente como preocupante: una suerte de alianza tácita de pánico entre PLN, PUSC, FA y medios afines.

El objetivo era claro y único: forzar una segunda ronda mediante la siembra del miedo.

Las palabras se repitieron como un conjuro diseñado para activar los resortes más básicos del electorado… dictadura, autoritarismo, pérdida de garantías sociales

La estrategia funcionó de manera limitada y perversa. Generó un voto defensivo y pesimista, no uno de adhesión. El PLN fue el paraguas bajo el cual se refugió ese miedo.

Ese es el origen real, y frágil, de su resultado electoral… Y ese origen explica su actual actitud revanchista. Se sienten legitimados no por un proyecto, sino por el pánico que ayudaron a crear.

El problema existencial del PLN es que, si no comprenden la naturaleza efímera y tóxica de ese respaldo, cuando el miedo inevitablemente se disipe, volverán a su tamaño real: un partido reducido, envejecido, con niveles de aceptación históricamente bajos y sin un relato de futuro.

Su conducta obstruccionista no es de ahora, lo hemos visto durante estos cuatro largos años y lejos de redimirlos, podría acelerar su caída definitiva de cara al 2030.

El caso de Álvaro Ramos no es accidental; es sintomático de una estructura impermeable a la renovación, atrapada en madrigueras internas de poder que la protegen como aparato, pero la vacían por completo como proyecto de país!

¿Cuándo lo irán a entender con la clase de cúpula que tienen y la masa clientelista que en su mayoría les conforma?

El Frente Amplio y el PAC: moralismo sin mayoría

Esto es otra cosa.

Ninguno de los dos representa ni representará nunca el sentir costarricense… uno por simpatizante encubierto del comunismo radical, expresión de resentimiento social a la tica…

Y el otro como un accidente, como una especie de frustración política salido de las entrañas de un bipartidismo obsoleto que indujo a nacer por interés de poder a un grupo fundamentalista que luego regresó a sus orígenes con un descaro ausente de humildad y mea culpa.

El Frente Amplio insiste en un guion predecible y destinado a liberarse a sí mismos de culpa responsabilidades y cargos disfrazados de fracción estudiosa y coherente:

Explicar sus débiles logros culpando al «sistema», a los «medios oligárquicos» y a las «élites económicas y al gobierno de turno que les cayó al dedo para lograr un diputado más».

Ese discurso de “mártires” que producen héroes salvadores de la patria, puede tranquilizar a su base más radical, pero tiene un costo altísimo: erosiona la legitimidad democrática y alimenta una narrativa de confrontación permanente y estéril…

Cierto que identifican problemas reales (desigualdad, concentración de poder), pero se niegan con terquedad a preguntarse si su tono sectario, su rigidez ideológica y su arrogancia moral los han vuelto políticamente inviables para las mayorías.

Han pasado del diálogo a la consigna, del análisis sereno al señalamiento visceral y eso es falta de cultura y un insulto a la inteligencia.

Muy lejos quedó el legado intelectual de su fundador, José Merino del Río, caracterizado precisamente por la profundidad del debate y la fineza conceptual.

El PAC representa, por su parte, una anomalía aún más contradictoria…

Un partido que gobernó ocho años, dejó una pesada herencia política y financiera, y ahora pretende reaparecer bajo nuevas siglas como si el electorado sufriera de amnesia colectiva…

Sus fracturas internas, su improvisación crónica y el ocultamiento deliberado de sus figuras más impopulares durante la campaña no fueron simples errores tácticos: son síntomas terminales de un agotamiento político y moral.

Confunden reinvención con maquillaje, y esperan que el país les conceda una indulgencia que no han hecho nada para merecer.

Lo que realmente está en juego aquí digámoslo con crudeza… es una venganza y una necesidad de subsistencia vs. una Gobernabilidad que les aterra por haber destapado esa caja de Pandora donde esos tres partidos han ocultado sistemáticamente, durante años, todas sus vergüenzas!

Estos partidos, en su estado actual, no están liderando una oposición responsable… están encabezando, reitero, una venganza política.

  • No buscan corregir o mejorar las propuestas del nuevo gobierno; buscan castigarlo y asfixiarlo…
  • No defienden la democracia; la usan como escudo retórico para justificar su anunciado bloqueo.
  • No representan una alternativa de renovación; representan el revanchismo personal y la frustración de élites elevadas a estrategia de Estado.

Ese es el verdadero y ominoso peligro: otros cuatro años de confrontación estéril y calculada, donde factores internos y externos avivarán el conflicto con el único objetivo de debilitar el mandato presidencial, sin percatarse de que debilitarán más y más eso que llamamos democracia, solo para intentar convencer a esa mayoría silenciosa que eligió, de que su decisión soberana fue un error o un acto ilegítimo.

Es la política como teatro de la venganza, donde el bien común es el primer rehén y seguro la primera víctima!

Este artículo intenta hacer un llamado final:

La responsabilidad del mandato claro.

En este escenario de ruido y desafío, la responsabilidad histórica decisiva no recae únicamente en quienes han elegido la confrontación como método, sino, y de manera abrumadora, en quien ha recibido un mandato claro, mayoritario y esperanzador.

A la presidenta electa le corresponde ahora ejercer el poder con una combinación virtuosa y necesaria:

  • Ecuanimidad para no caer en la provocación.
  • Paciencia política para agotar todas las vías del diálogo
  • Firmeza institucional para ejecutar el programa por el que fue elegida.

Su tarea no es ceder ante el revanchismo, sino desactivarlo con la potencia silenciosa de la gobernanza efectiva, con resultados tangibles para la gente y con un respeto inquebrantable hacia esa gran masa ciudadana ( también para el revanchismo disociador, pues lo cortés no quita lo valiente y además los desnudará en su máxima expresión) que votó por soluciones, no por más choques estériles.

La historia política demuestra que los liderazgos que trascienden y unifican no son los que derrotan a la oposición en trincheras parlamentarias, sino los que la dejan sin argumentos y sin excusas.

Los que gobiernan con tal transparencia, eficacia y conexión con las necesidades populares, que la obstrucción queda desnuda ante el país como lo que realmente es:

Incapacidad supina para la concordia, pobreza absoluta de espíritu y proyectos dudosos incompatibles con el pluralismo deseado y necesario en estos momentos… porque deberían haber aprendido desde hace mucho tiempo que el objetivo último de una democracia madura no es simplemente «convivir», sino construir una convivencia pluralista…

Esa es la diferencia entre una paz frágil y una concordia robusta.

Costa Rica atraviesa una encrucijada crítica, con oleadas de incertidumbre global, tensiones externas palpables y una fragilidad interna que no admite más desgaste.

Luchar en dos frentes simultáneos, contra los desafíos monumentales del mundo y contra una oposición revanchista empeñada en dinamitar desde dentro; no es solo impolítico; es un riesgo existencial para la estabilidad nacional.

De la presidenta electa, y de su equipo, dependerá la capacidad de distinguirse en el caos.

  • Con humildad para escuchar incluso a quien no la quiere escuchar.
  • Con carácter para tomar las decisiones difíciles que el país requiere.
  • Y con la claridad moral y estratégica necesaria para honrar el mandato recibido, demostrando, con hechos, que se puede gobernar sin venganza, sin ruido innecesario y con la patria, siempre, por delante de cualquier interés partidario o rencor del pasado.

Que Dios les de serenidad a los que no han digerido la derrota y a todos aquellos capaces de anteponer sus bajas pasiones sobre los intereses patrios.

Cañas, Guanacaste.

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