Derrota electoral

Claridad forzada que no nos permite continuar en nuestra complacencia indefinida.

Ana Ruth Quesada B.

Ana Ruth Quesada

Es posible que esta nueva y devastadora pérdida de los partidos democráticos de nuestro país, obliguen a un punto de quiebre, entre el pasado y el futuro de la gestión política, no solo de la oposición política costarricense, porque esta victoria del chavismo también se inserta perfectamente en el rompecabezas geopolítico regional y por qué no en un nuevo orden internacional.

Esta derrota obliga a que el liberacionismo ya no pueda quedarse sentado plácidamente en el lugar conocido de la estabilidad, esperando que el Directorio o el CE o los diputados electos hagan lo que deben hacer.

Esta derrota nos demanda a no seguir siendo simples observadores de eventos que suceden, que se realizan sin nuestra participación, debemos tomar conciencia de que también podemos ser cocreadores del futuro no solo del PLN, sino de la estabilidad social de nuestro país.

Cada decisión, cada acción que tomemos estará influyendo en la consolidación o desaparición del PLN y de los partidos políticos tal como los conocemos. Debemos decidir qué tipo de futuro deseamos, esta derrota nos impone una claridad forzada, que aunque dolorosa y deplorable, es mejor que la complacencia indefinida.

Durante este proceso electoral, muchas diferencias internas se evidenciaron y al menos ahora, con el liderazgo de Alvaro Ramos, tenemos UNA OPORTUNIDAD REAL de resolución, de síntesis, de evolución hacia algo nuevo, no por la victoria de unos sobre otros, sino por la trascendencia de estas divisiones que parecen tan arraigadas y tan irreconciliables, a un reconocimiento de la realidad que es una sola: el bienestar del mayor número.

Dentro del PLN se ha estado peleando, en diferentes bandos por fragmentos de un poder que al final tiene y debe tener el mismo propósito para todos: el bienestar del mayor número.

Hoy por hoy tenemos y debemos avanzar a un futuro de unidad que no es de uniformidad, un futuro donde las diferencias sean capitalizadas, no temidas, un futuro en el que la cultura partidaria haya madurado, dejando atrás las peleas pueriles para abrazar los proyectos y programas que generen los logros económicos, culturales y sociales que nuestro país tanto necesita.

Lo que viene en estos 4 años de gobierno chavista no se puede controlar, pero lo que hagamos para enfrentar lo que viene, eso depende de nosotros. Esta es la oportunidad que se nos presenta en este momento crítico de la historia.

Queda planteada la pregunta: ¿Qué tipo de PLN emergerá en este período? ¿Seguirá siendo un partido fragmentado, repartido, atrapado en sus viejos patrones?

La elección es nuestra, siempre ha sido nuestra. Y el momento de elegir es ahora, no mañana, no cuando la crisis tome una magnitud innecesaria.

Ahora, porque lo que viene no esperará a que estemos listos, viene independientemente de nosotros, de nuestra democracia, de nuestras instituciones y solo los que hayamos aprendido de esta derrota electoral y hayamos decidido avanzar sobre esta comprensión forzada y dolorosa de la realidad, tendremos la capacidad y claridad para provocar las condiciones que queremos y no las que tememos.

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