Renato Alvarado Rivera
Las políticas agrícolas desarrolladas por los gobiernos desde 1990 al 2014 pusieron de rodillas a las personas productoras de Costa Rica; para verdades un dato, el crédito para el agro ha caído del 10% a menos del 3% del total del crédito que se otorga a nivel nacional.
Durante años, los gobiernos de turno han insistido en desmantelar el Consejo Nacional de Producción y la Fábrica Nacional de Licores, venderlas para que la empresa privada se deje los negocios que representan las ventas de alcohol y del Programa de Abastecimiento Institucional. Por años, el presupuesto del Ministerio de Agricultura y Ganadería y del Instituto Nacional de Innovación y Transferencia en Tecnología Agropecuaria han venido a menos, afectando la investigación y los servicios de extensión que brindan ambas instituciones. De hecho, de los tres mil millones de fondos de inversión que tenía el MAG para los agricultores y agricultoras, hoy no se tiene un centavo para invertir de manera directa en proyectos del agro.
Los defensores de la apertura comercial han insistido en que es más barato importar y que nuestros productores deben dejar de producir. Esa es la razón por la que hoy solo producimos el 20% de los frijoles que consumimos y el 35% de la demanda de arroz.
Estas políticas desmantelaron el aparato productivo, los centros de acopio y los programas de promoción de la siembra de granos básicos. Y por eso, dejamos de producir maíz amarillo y hoy importamos las 700 mil toneladas métricas que se requieren para la producción pecuaria.
Y ahora se critica al Ministerio de Agricultura por la posible escasez que generará la crisis del COVID-19. Se critica al MAG, cuando precisamente hemos promovido la siembra de frijol, mejorando la semilla y repartiéndola entre los productores; estamos invirtiendo para rescatar la infraestructura de almacenamiento, con el propósito de poder conservar el grano; estamos proponiendo aumentar las áreas de siembra de arroz, buscando aumentar la productividad y la rentabilidad de estos sectores y de la agricultura en general.
Durante los dos años de este Gobierno, hemos luchado para garantizar los recursos financieros para la inversión en la reconversión tecnológica que requiere el agro; hemos dispuesto desarrollar los mercados regionales y las ventas virtuales, estamos trabajando para garantizar el acceso al agua para la agricultura.
Hoy, sorprendido, escucho las voces de quienes históricamente se han dedicado a despedazar el agro costarricense, reclamando que no tenemos suficientes granos básicos. ¿Hablan en serio?
Discurso obsceno y vulgar de mercaderes, quienes han defendido a ultranza la apertura comercial, los monopolios de algunos supermercados y las importaciones masivas, favoreciendo y enriqueciendo a unos pocos, a pesar de que los productores del país puedan abastecer el mercado. Pena y vergüenza debería de darles ahora atribuirse las soluciones para que no falte la comida en tiempos de la pandemia.
Podemos decirles a los costarricenses, y a esos también, que los agricultores y las agricultoras han sido y serán sobrevivientes de estas políticas nefastas y que, desde el Ministerio que dirijo, les garantizo que seguiremos produciendo y que no dejaremos un segundo de luchar por nuestra forma de vida y por alimentar a Costa Rica.
– Ministro de Agricultura y Ganadería