Del pesimismo de pocos en optimismo de muchos… Pero, ¿cómo hacerlo…?
Caryl Alonso Jiménez
Los escenarios y las audiencias cuentan. Los interlocutores si no entienden por problemas de sabiduría o intereses, siempre tergiversan. Le pasó recientemente a un colega en un viaje, la audiencia estaba intencionadamente dispuesta a tergiversar y alteraron intencionalmente. ¡Vaya daño que hicieron al colega!
Gestionar la realidad y trasmitirla con el mensaje oportuno y la carga emotiva lo suficientemente potente, es útil para alojar sentidos de motivación y hasta expresiones de simpatía, es lo que el marketing político busca como el santo grial de la seducción y del sometimiento emocional.
Bien dicen que entender y juzgar la historia a partir de los hitos que han alterado o trazado el curso de la historia política, tiene diversas formas de interpretarse. Marc Bloch (1886-1944), asesinado por las fuerzas de ocupación nazi en Francia y considerado uno de los historiadores más importantes de la primera mitad del siglo XX, dijo que “el objeto esencial de la historia es el hombre, en sentido plural, ya que lo histórico no puede ser sino obra de los hombres” (1943).
Seguramente por ello ver la historia desde el protagonismo del hombre requiere entenderlo desde los instrumentos más poderosos que registra el siglo XX: la comunicación. Manuel Castell afirma en “Comunicación y poder” (2006), que “las relaciones de poder se construyen en gran medida en la mente y estas dependen de los flujos de información… parece lógico que el poder reside en las redes de comunicación…”
La complejidad de la comunicación hoy en día deja de ser el artilugio de prestidigitadores (magos). Es la disciplina científica que pasa a formar parte de expertos que comunican ideas capaces de construir escenarios que pueden generar gigantescos incentivos emocionales, como el optimismo de una nación, o la frustración de las colectividades.
Vale recordar una de las crisis del siglo pasado … Fue la noche del 17 de junio de 1972 cuando surge el famoso escándalo del caso Watergate, en la que destacaba la detención de altos miembros del partido republicano a causa del allanamiento a las oficinas del partido Demócrata.
Periodistas del diario Washington Post, excepcionalmente documentado en la novela “Todos los hombres del presidente”, (Bernstein y Woodward, 1974), y luego en la cinta del mismo nombre (1976), del director Alan J. Pakula, con actores de la talla de Robert Redford y Dustin Hoffman, demostraron el valor de la comunicación.
La novela y la cinta fueron la revelación más notable de todos los tiempos en materia de comunicación. Allí quedó clara la diferencia entre la estrategia de comunicación y el manejo de la nota periodística. ¿Entenderán esto realmente…? Ese suceso marcó para siempre el papel la diferencia entre comunicar e informar, pero sobre el valor de la investigación periodística…
En esa etapa desarrollaron técnicas como la gestión de crisis… donde por primera vez el sentido del plan de comunicación marcó para siempre la importancia de estrategias de estudio de coyunturas, trayectorias y equipos especializados en análisis.
Sobre ese caso, después de un extenso proceso que llevaría a un juicio político (impechment) en el Congreso de los Estados Unidos, derivó en la dimisión de señor Richard Nixon (1913-1994), 37º Presidente de los Estados Unidos, el 9 de agosto de 1974.
Entonces, ¿Qué comunicar y cómo hacerlo en tiempos de incertidumbre…? Uno de los más brillantes expertos en comunicación dijo una vez que, “el modo más común de contacto con los ciudadanos es mediante la provisión de un servicio” (Garnett, 2005). Justamente, el diálogo directo frente a expectativas que preservan la esperanza de soluciones, es capaz de transformar la mente, emociones y producir percepción colectiva favorable. Por ejemplo cuando se realizan acciones que generan impactos colectivos.
Hacerlo supone comunicar estratégicamente, buscando traducir mensajes capaces de generar discursos que sean comprendidos en su esencia clave. Cuando el mensaje requiere explicaciones o justificaciones no solo son inútiles; sino, lo más probable es que se confunda con informativos. Esa es la diferencia de la comunicación estratégica…
Esto no es fácil, sino se vendería como sorpresas en las redes sociales. Requiere de equipos con el cálculo y el escalpelo suficiente para comprender trayectorias y anticipar momentos oportunos que fijen ideas vinculadas con el objetivo.
Más allá del cualquier intento por definir la comunicación, seguramente la clave de su importancia está en el objetivo y resultado que se busca (Noguera, 2005), y que debe producir en el ciudadano imagen. Y sobre todo comprensión del mensaje, capaz de construir en el imaginario optimismo. Esto no es coloquio ni adivinanza, es estrategia pura y dura…
Vale recordar que “en última instancia es el publico el que demanda, el publico el que decide y es el publico el que hace el gran trabajo” (Izurieta, 2005). Justamente es allí donde la comunicación se convierte en el instrumento para el optimismo de la nación. Pero, ¿Estamos entendiendo qué comunicar y construyendo optimismo…?
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