En la librería, dando seriedad y prestancia al negocio, se veía al señor Soley algunas veces. En alguna oportunidad se presentó una dama en busca de un libro para regalo. Un dependiente de mostrador estuvo solícito a atenderla y comenzó a citarle y ofrecerle obras de positivo valor literario, científico, histórico, artístico, etc., etc., pero la dama a cada oferta levantaba su poderosa extremidad superior derecha en actitud negativa.
Por fin, ante la congoja del dependiente y la indecisión del cliente, intervino don Tomás diciendo:
—“Vamos a ver señora, ¿qué clase de obra es la que usted prefiere?”.
Y la señora le responde al momento:
—“Pues algo que deleite… algún libro de lectura sabrosa…
Y el señor Soley Güell, intentando una sonrisa serio-burlona, le dijo al dependiente:
—“En ese caso, ofrézcale a la señora los libros de esta mesa … ¡Tal vez con las obras de cocina… !”.
Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Dibujos de Noé Solano. Usado con autorización.