En el tren ordinario de ese mismo día salían para el mismo lugar, la señora esposa del candidato y sus niños que habían de acompañar al Licenciado Fernández en el destierro. A despedirlos fueron amigos íntimos de la familia contándose entre ellos a don Antonio Padrón. Don Máximo ya se encontraba a bordo de un barco bananero de la United Fruit Company, pero por prohibición expresa, a excepción de la familia que se embarcaba, no se permitió la entrada a los amigos, por lo que tuvieron que despedirse a voces desde el muelle.
El señor Padrón se despedía diciendo:
—“Adiós, don Máximo; ¿cómo se siente?” …
Y el candidato del Partido Republicano, aquélla figura procera tan discutida políticamente en Costa Rica, respondió:
—“Adiós mi amigo. Ahora me siento muy bien, especialmente porque el lugar de nuestro destino no tiene el nombre del barco que nos lleva”.
Y fue entonces que aquéllos amigos se dieron cuenta del letrero pintado en la proa del barco, que decía; S. S. SIBERIA».
Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Dibujos de Noé Solano. Usado con autorización.