Se encontraba don José leyendo un libro muy interesante en la sala de su casa, cuando entró intempestivamente la empleada a sacudir los muebles y a barrer las alfombras. Desgraciadamente, al tomar en sus manos un valioso jarrón que el señor Astúa había adquirido por un alto precio en uno de sus viajes por Europa, se le cae y se hace mil pedazos.
Al darse cuenta don José de lo ocurrido, se puso de pie y muy afligido se quedó viendo el jarrón destrozado.
De repente entra a la sala su hijo “Pepe” y al ver la cara de su padre tan triste, le dice:
—“¿Viejo, por qué ponés esa cara de Nazareno?”.
Y el Licenciado Astúa Aguilar le responde:
—“¡Por el dolor de mi bolsillo!”…
Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Dibujos de Noé Solano. Usado con autorización.