Anecdotario Costarricense

Anecdotario Costarricense

UN VETO DE DON RICARDO JIMENEZ

Cuenta don Adán:

A medio año de 1910, apenas iniciada la primera Administración del Lic. don Ricardo Jiménez Oreamuno, la mesa del Directorio la formábamos el Presidente del Congreso, el honorable Lic. don Ezequiel Gutiérrez Yglesias, y los Secretarios don Rafael Rodríguez Salas y yo. Existía vigente, como aún lo está, la ley que prohíbe y pena el juego de GALLOS. Don Ezequiel, mi noble padrino de pila, me dijo:

«Vea Adán, ahora que tenemos en la Presidencia a Ricardo, asiduo jugador de gallos que fue muchos años ha, y ya que en esta Cámara varios Diputados frecuentan los domingos la gallera de Nicomedes Sotela Valverde, su hermano, hágase un anteproyecto derogatorio de la prohibición, a fin de que podamos asistir a ese pasatiempo inofensivo, sin temor a la persecución de la policía y a la multa imponible, y que queden abiertas las puertas de las canchas de gallos; esos animalitos, de todos modos, con cancha o sin ella, pelean diariamente en sus patios, y se matan en sangrienta lucha por sus gallinas». Bueno, padrino, le contesté, aunque no me gusta el sacrificio de los gallos por compasión que les guardo, voy a redactar el proyecto. En seguida cumplí, y el proyecto firmado por gran número de diputados fue presentado con dispensa de trámites, y sin dictamen sufrió los tres debates y quedó aprobado por casi unanimidad. Firmado que fue por el Directorio lo enviamos al Poder Ejecutivo para su sanción. Pero mucho antes de los diez días, nos llegó el proyecto con la denegatoria de don Ricardo, escrita en términos brillantes y convincentes, fruto natural de aquel cerebro privilegiado, pieza maravillosa que nos sorprendió, pero que nos causó sonrojo y nos apesaró. De aquel VETÓ de estilo sublime reproduzco estas frases para que la JUVENTUD no las olvide: «Ver en el polvo sangriento de la cancha, animales heridos que se arrastran y arrastran, enredadas en la navaja sus propias entrañas, o que ciegos, en un supremo esfuerzo de coraje, dan picotazos inútiles y sin tino hasta perder la vida, en medio de los clamores soeces de espectadores sin entrañas, en el JUEGO DE GALLOS no hay nada de noble, sino el denuedo de los animales: lo brutal está de parte de los hombres». Esta y otras frases emocionantes, nos dejaron atónitos y conmovidos. Nadie propuso el resello y don Ezequiel levantó la sesión exclamando: «Oh Ricardo, es majestuoso y admirable».

Tomado del Anecdotario del Lic. Adán Acosta V.

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