Sus amigos personales y partidarios llegaban frecuentemente a saludarlo y a llevarle los últimos chismes políticos.
Un día, uno de sus más fervientes admiradores, desesperado ante los acontecimientos políticos que vivió la República por aquella época, le dice:
—»Don León: ¿por qué no organizamos una revolución y se pone usted al frente de ella?»
Y aquella figura enhiesta, respetable, a quien los costarricenses siguen llorándolo, le responde con voz enérgica:
«¡Yo soy un caudillo civil y no un caudillo militar!»…
Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Usado con autorización.