Amo andar caminando por San José

Camilo Rodríguez Chaverri

San José ¡Vive!

Amo andar por el centro de San José. Dejo el vehículo donde mis amigos del parqueo Magnus, cien metros al sur del frente del edificio del Banco Popular que está donde estuvo el edificio del Seminario, donde hubo una capilla famosa y preciosa, la que, como mucho en nuestro país, fue demolida. ¿Qué podíamos esperar si en San José botaron el sagrario de la Catedral Metropolitana, verdadera joya arquitectónica, y demolieron el edificio de la Biblioteca Nacional para montar un parqueo?

Dejo el vehículo y a los cien metros empiezo a caminar por los bulevares. Los bulevares son un acierto de nuestra capital. Uno camina en medio de vendedores ambulantes y transeúntes. Decía el poeta Jaime Sabines que después de pensar mucho tiempo a qué dedicarse, él había encontrado su oficio: él era peatón.

Me gusta andar por San José como peatón. Me gusta el trabajo que la Municipalidad de San José ha hecho en el centro de la capital. La magia de la Avenida Central es que no hay vehículos. Caminamos todos, democráticamente, como ocurre con la Romería de la Virgen de los Ángeles. Caminar nos hermana. Caminar nos junta con la gente.

Amo recorrer los puestos de las esquinas, hablar con los vendedores de periódico, discutir sobre números con los vendedores de lotería y de chances, ver a la gente pasar…

También amo ingresar al Mercado Central, el verdadero centro comercial o mall de la cultura costarricense. Amo los mercados: también me gusta entrar y perder el tiempo mientras me demoro comiendo una tortilla con queso en el Mercado de Cartago, comerme un gallito en el Mercado de Heredia, o un gallo de salchichón o de chorizo en el Mercado de Alajuela; ver lo que hay de nuevo en la medicina natural, buscar figuritas de juguete, la Nigüenta, los animales del portal, el mar de ovejas y de sapos que hay en nuestros mercados, las sodas, las esquinas donde venden tamal asado…

Hay rincones o espacios sagrados de la cultura costarricense, como donde uno se come un helado de sorbetera, en el Mercado Central, o comer donde “Tala”, un almuerzo campesino, en hoja de plátano; o comprar flores en el gran pabellón de colores donde las señoras se confunden con las flores y son otras flores de Dios…

Amo salir del mercado y volver a las calles, a la gente, al movimiento que ocasionan las palomas, a ver los niños correr tras de ellas… Es una manera diferente de encontrarse con el alma del pueblo. Es la mejor manera para encontrar la poesía que crece en el espíritu de la comunidad que camina cuando va o cuando viene del trabajo. Es una inyección de energía. Es una ocasión para encontrarse con la luz que tiene nuestra gente, con la energía bonita y buena que tiene el ser costarricense.


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