Al cierre del año 2019

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Agora*

Guido Mora

Guido Mora

Las rupturas sociales surgidas durante el Referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, profundizadas en las elecciones de 2018, lejos de atenuarse, se incrementaron.

Algunos sectores políticos se han especializado en congregar a las masas alrededor de temas que dividen a la sociedad, en vez de convocarlos en torno a asuntos que nos unan. Este mecanismo les ha permitido fortalecerse no sólo en Costa Rica, sino también en otras regiones de América Latina: la política del odio prevalece como estrategia de dominación política, ante la pereza de miles de ciudadanos, que prefieren alimentarse de mentiras que razonar sus acciones. El desprecio de “lo científico” es un mal síntoma en cualquier sociedad.

El inicio del ciclo político, con el proceso de elección de las autoridades locales, sigue sin despertar a los votantes, quienes no se percatan de la necesidad de elegir a las personas más capacitadas para que dirijan las municipalidades: la transformación de la política de repente tenga que comenzar en las comunidades base y no en los partidos políticos.

Las élites políticas continúan divorciadas de los ciudadanos, buscando principalmente favorecer sus intereses, lejos del clamor y la satisfacción de los requerimientos del Soberano.

El mito de la calidad de la educación, que tanto nos enorgullecía, exploto en nuestro rostro, nos dimos cuenta de que la educación es un caos, responsabilidad de padres, profesores y alumnos.

El Estado debe también asumir su responsabilidad: la preparación de los costarricenses que requiere la sociedad del futuro exige planificación, sentido común y prospección. Estamos ayunos de esas características.

La pobreza y la desigualdad campea en miles de hogares costarricenses, mientras el sector financiero reclama mantener las tasas de usura, donde los únicos ganadores son quienes se aprovechan de las necesidades de los costarricenses, para hacer clavos de oro, con el dinero de los ahorrantes.

En todo caso, el panorama a futuro no es muy alentador.

La Patria reclama acciones, demanda por planificación y transformación de la estructura productiva, por el fortalecimiento de la solidaridad y la construcción de una sociedad inclusiva. Urge un estado fuerte que combata la evasión, que impulse la reactivación económica, que promueva la creación de empleos y distribuya la riqueza desde su creación, para que no se concentre en pocas manos.

Lamentablemente ese liderazgo que transforme al sector público, contribuya con el sector productivo, que combata la pobreza y la desigualdad, que trabaje por revolucionar esta Costa Rica, está ausente.

El panorama no vislumbra cambio a corto plazo, ni se asoma un liderazgo que transforme esta realidad política.

La problemática está lejos de ser coyuntural, considero que es imprescindible acometer la solución de estas realidades estructurales, para convertir a Costa Rica en la nación que merecen sus habitantes.

La construcción y la firma de un Nuevo Pacto Social -que no es otra Constitución Política-, es imprescindible para remozar los pilares sobre los que se debe levantar la Costa Rica del Siglo XXI.

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* El Ágora era el centro de la actividad política, administrativa, comercial y social de la antigua Atenas.


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