Acoso sexual en la U

Desde La Mina 2.0

Mauricio Castro Salazar
mauricio.castro.salazar@gmail.com

Mauricio Castro

En la U cuando se hablaba de echadas de cuentos a estudiantes, hoy conocido como acoso sexual, tengo en mi mente esto que oí varias veces: “…se da en unas carreras más que en otras”. Se comentaba en los pasillos de la U que algunos profesores daban horas de consulta “a deshoras” y que otros eran unos “echacuentos”.

En varios casos escuché la expresión “7×7”, y como no la entendí, me la explicaron: “te doy un 7 si me das tu 7”. Esto se daba sobre todo en los cursos de los primeros años, en lo que se llamaba coladeros de varias carreras.

También se daba otro tipo de acoso, que hoy se podrían calificar como de género y no sexual: “mejor váyase a su casa a barrer”, “dedíquese a la cocina”, “vaya a hacer queques”, “consígase un buen muchacho y cásese”. En todo caso Igual de ofensivo que el sexual.

Viendo lo que sucedía en la U y estando en la dirigencia estudiantil concluimos que la única manera de sancionar a algún profesor en Régimen Académico era pescarlo en fragancia con miles de testigos y aun así dudábamos que lo fueran a sancionar. Siempre pensamos que era algo injusto: a un estudiante lo expulsan por acoso y a un profesor lo sancionan 3 o 5 días, si acaso.

¿Será por qué el Reglamento fue hecho por profesores?

También nos decíamos que si alguna Autoridad de la U tomaba un caso de acoso y lo llevaba hasta sus últimas consecuencias podría ser posible que algún acosador fuera sancionado y hasta despedido.

Y sucedió…

Siendo Representante Estudiantil ante el Consejo Universitario recibí a una estudiante del Área de la Salud que vino a denunciar a varios profesores. Le pregunté que si estaba dispuesta a echarse el pleito, dijo que sí, y la Vicerrectora de Docencia, como era y es su característica, tomó el toro por los cuernos y empezó un pleito que acabó con el despido del decano y de varios profesores. Eso fue a mediados de los ochenta, yo ya estaba fuera de la U.

Cuando uno lee las declaraciones de directores y decanos de la UCR diciendo que es difícil, que hay que investigar… deberían revisar ese episodio de la vida universitaria y ver que sí se puede. Cuando se quiere se puede. Ciertamente tomar el toro por los cuernos tiene su precio, la pregunta a esos directores y decanos es: ¿están dispuestos a pagar el precio?

Ya es tiempo de que las mujeres puedan estudiar lo que les dé la gana, ser respetadas como se respeta al resto de los estudiantes, garantizarles que no habrá acoso de ninguna forma y la U, nuestra U, ser ejemplo.

Da tristeza el pensar que en la U siga el acoso, porque si sucede en la U no me puedo imaginar en los lugares de trabajo. ¡No más acoso!

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