A propósito de los cantones

Vladimir de la Cruz
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Vladimir de la Cruz

¿Por qué de nuevo los diputados se empeñan en impulsar un nuevo cantón, el de Colorado, que ya dictaminaron positivamente, en primer debate? No tiene sentido, ni lógica política ni territorial, estar creando cantones a granel, como se les ocurre a ciertos diputados, que embarcan a todos los demás.

La ocurrencia de estar creando cantones es altamente negativa para el país, sobre todo por las micro regiones que con ello están surgiendo. Los cantones por sí son micro regiones en el país, actualmente hay 84, con los últimos dos cantones que fueron creados. Más que micro regiones son mini repúblicas internas, de las cuales no se tiene conciencia que son regiones políticas, que tienen sus propios y definidos límites, que tienen su propia población y tienen sus propios órganos de gobiernos cantonales.

Actualmente no hay, en la creación de cantones, la intención de distribuir poder político como sucedió en el siglo XIX. En aquellos tiempos la creación de cantones disminuía la tensión y la lucha por el poder central, por el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Dar poder a líderes regionales, gamonales y otros, contribuía a la estabilidad política nacional. Ahora no hay esa intención ni ello obedece a darle poder político a los ciudadanos ni a líderes políticos, que no existen con dimensión nacional en esas pequeñas localidades. Sí podría servir, probablemente, esa creación de mini cantones para favorecer procesos administrativos corruptos y de narco delincuencia y narcopolítica locales.

Con crear cantones pequeños, o muy pequeñitos, no se favorece la estabilidad política nacional ni la gobernanza o gobernabilidad. Ni siquiera la Unión Nacional de Gobiernos Locales se convierte en un organismo de poder nacional más vigoroso. De hecho no lo es. Es casi como un sitio de reunión social nacional de ciertos funcionarios para eventos sociales y políticamente intrascendentes. No se siente su presencia en el país de manera importante. Su fracaso más grande, aparte de sus luchas internas, está en que este organismo en nada contribuye a ejercitar la participación ciudadana en los cantones, a estimular cabildos, referéndums y plebiscitos, como instancias de consultas de la ciudadanía. Su expresión más desastrosa se evidencia en alto abstencionismo político electoral que existe en las elecciones municipales. El abstencionismo político le es positivo a ciertos dirigentes y personajes políticos, porque de ello salen favorecidos.

La Unión Nacional de Gobiernos Locales debería revisar su papel en este sentido. La creación de nuevos cantones probablemente le da algún rédito burocrático económico por lo que le es aparentemente indiferente la creación de más y más cantones, por pequeñitos que sean. Los dirigentes de la Unión Nacional de Gobiernos Locales, que debieran ser muy importantes ante la opinión pública, son insaboros, incoloros e inodoros…

Cuando pienso en cantones de poquísima población como los que están creando, ¿por qué no segregar distritos populosos de algunos cantones, para convertirlos en cantones, y tratar de resolver de esa manera problemas graves que los aquejan, que no se los resuelven sus municipalidades, si de eso se trata?

Mientras hay la ocurrencia de continuar con la política de creación de mini cantones, también se ha vuelto a plantear, por algunos diputados, la idea de volver a reunir en los procesos electorales las elecciones de síndicos, regidores, diputados y las presidenciales, como se hacía antes, hace pocos años.

Cuando se tomó la decisión de separar la elección de alcaldes primero, y luego la de los concejos municipales, fue con la intención de darle más valor a las poblaciones cantonales, de darle más valor político a las municipalidades, de estimular más la participación política ciudadana, de que los ciudadanos pusieran más atención en sus gobiernos locales, de que sus dirigentes municipales estuvieran más vinculados a las necesidades de sus ciudadanos. Era para tener una mejor noción y conciencia de la vida cantonal. Esto sigue siendo válido.

Se pretendía además mejorar la participación ciudadana y reducir el abstencionismo. No ha sido fácil esto porque los partidos políticos prácticamente no existen como escuelas de formación cívica, de formación política ciudadana.

Los partidos políticos en su inmensa mayoría son organizaciones ad hoc, para la ocasión, para el momento de cada elección. De esa forma también sus personajes, que se pintan como sus dirigentes, son ad hoc, para la ocasión y para cada evento electoral.

No existen a nivel cantonal locales de partidos políticos donde lleven a cabo actividades cotidianas. Tampoco existen locales de partidos provinciales, y en las cabeceras provinciales o en la capital nacional tampoco existen locales importantes de los partidos políticos nacionales, al menos de los más significativos e importantes, o de los que tengan representación parlamentaria, donde se lleven a cabo labores de formación política, conferencias sobre temas nacionales y parlamentarios.

Quienes proponen devolverse a la situación anterior, de una sola elección nacional para gobiernos locales, de diputados y la presidencial han dicho claramente que es para que de esa forma se estimule una mayor participación y entusiasmo empujando desde las bases cantonales todo el engranaje electoral nacional. Lo que verdaderamente han destacado es que con esas elecciones “pegadas”, se tiene “más mano de obra” para empujar los candidatos presidenciales.

Cuando las elecciones nacionales comprendían la de diputados, de regidores y síndicos el abstencionismo electoral existía y pasaba del 30%.

El abstencionismo electoral se produce más por la decepción y desconfianza que producen, a los ciudadanos, todos los partidos, y sus dirigentes, especialmente los que triunfan electoralmente a niveles del Poder Ejecutivo y del Poder municipal, por los incumplimientos de sus ofertas políticas y por el incumplimiento de solución de problemas sociales que sufren las poblaciones. A esto se ha añadido la mala administración y las prácticas corruptas, en todos los trámites de la administración, pública y municipal, que sufren los ciudadanos, y la corrupción, que ha involucrado a algunas figuras políticas importantes, que provocan decepción y desgano político en los ciudadanos.

Si se quiere reducir el abstencionismo electoral no hay que unir estos procesos electorales, como funcionaron en el pasado. Lo que se debe resolver es la mejor forma de elegir a los diputados, con una redistribución, al interior de cada provincia, por cantones, respondiendo al número de habitantes que se necesita para elegir un diputado, de manera que de esa forma se puedan escoger, eliminado la lista provincial que hoy se usa, que discrimina y margina cantones, pobladores y ciudadanos, proponiendo varias listas de candidatos de la provincia, según las regiones que se establezcan. Habría así más entusiasmo regional provincial por elegir los diputados. Los partidos políticos se obligarían a postular sus mejores candidatos por las regiones en cada provincia. Los sectores cantonales pondrían más atención en estas elecciones y se estimularían de manera más certera las dirigencias y liderazgos políticos de manera más amplia.

Las propuestas de nuevos cantones, chiquitillos, y de reunir los procesos electorales municipales y nacionales deben rechazarse.

Se debe avanzar, sin modificar la Constitución Política, hacia una redefinición territorial, al interior de cada provincia, para elegir los diputados que a cada provincia le corresponden, según los censos nacionales. Esto lo puede resolver el Tribunal Supremo de Elecciones por sus propias facultades.

Se debe avanzar hacia la separación de la elección de presidente y de diputados, primero la presidencial y luego la de diputados. Esto si requiere modificación constitucional. Se pueden aprovechar las fechas que ya están constitucionalmente establecidas, la del primer domingo de febrero para la elección presidencial y la del primer domingo de abril para la de diputados, y si fuera del caso, simultáneamente, para la de la segunda ronda, como ya está.

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