A 50 años del Manifiesto de Patio de Agua…

Fernando Berrocal

Fernando Berrocal Soto

Hoy domingo 22 de julio, el periódico La Nación, en primera página, hace referencia a la erupción del volcán Arenal hace 50 años.

Pero en el montaje fotográfico, a un lado, se reproduce la edición del periódico de hace 50 años, en el viejo formato de La Nación. Si se lee con cuidado, hacia el centro de la primera página, se lee la defensa que don Fernando Volio Jiménez, uno de los grandes líderes del PLN, hace del Manifiesto de Patio de Agua del que él formó parte y que, igualmente, vio la luz pública hace medio siglo. Ese fue el gran terremoto político del año 1968 en Costa Rica.

La dirigencia de la FEUCR y el Directorio Nacional de la Juventud Liberacionista, participamos durante un año, todos los sábados, en la pequeña finca del Padre Benjamín Núñez, en las montañas de San Isidro de Coronado, en los largos, serios y profundos debates que dieron origen a aquel formidable documento ideológico y programático que, a 20 años de la Revolución de 1948, le dio de nuevo vida, razón de ser, orientación y perspectiva real de futuro al PLN.

Para nosotros, unos muchachos alrededor de los 20 años, hijos de la Revolución de 1948, participar y debatir una vez a la semana, durante todo un día, con los Padres Fundadores, fue algo que marcó para siempre nuestras vidas y el futuro de nuestra participación en la vida pública del país, siempre y nada más bajo las banderas de la social democracia y de Liberación Nacional.

Eso lo recordaba, precisamente hace unos días con Jorge Urbina, tomándonos un café, recordando aquellos años y lamentándonos de la crisis de liderazgo, mística e ideas del actual Partido Liberación Nacional. De nuevo esos pensamientos se me hicieron presentes, antes del desayuno de este domingo, al leer La Nación y recordar aquel terremoto político, provocado precisamente por ese periódico que, desde sus páginas editoriales, nos hizo ver como un grupo de extrema izquierda infiltrado dentro del PLN, cuya próxima derrota electoral querían, distorsionando la realidad y la verdad de nuestra social democracia. La tenían a muerte contra Daniel Oduber y Luis Alberto Monge.

Contra Patio de Agua la guerra de ese periódico fue a últimas consecuencias y por dicha, porque eso hizo más popular el Manifiesto de Patio de Agua.

La verdad era otra. Don Pepe mismo se dejó llegar muchas veces hasta la finca del padre Núñez. Daniel y Luis Alberto lo hacían casi siempre. Hasta Eduardo Lizano escribió las partes de la propuesta económica y líderes y dirigentes de varias generaciones y de la talla y el nivel de Fernando Volio, Jorge Luis Villanueva, Rodolfo Solano Orfila, Armando Arauz, Rodrigo Gutiérrez, Juan José Echeverría, Enrique Obregón, Jenaro Valverde, Francisco Morales, Ángel Edmundo Solano, Manuel Carballo, Rodrigo Carreras, Rodrigo Barahona, Jorge Gutiérrez y otros que, como don Jorge Manuel Dengo, Bernal Jiménez y Rodolfo Silva, pasaban parte de su tiempo en el extranjero como asesores o funcionarios internacionales, cuando venían al país se iban para la finca del padre Benjamín. Nadie faltaba a aquellas largas horas de trabajo intelectual.

Aquella finca en las montañas de Coronado fue un centro de inspiración, de debate fuerte y de crítica constructiva, horas de trabajo, redacción de textos que se escribían y se reescribían y, sobre todo, de pasión intelectual y política.

Don Pepe, con su autoridad moral de líder indiscutible del PLN, acabo con todas las dudas que La Nación quería sembrar y se dejó decir “que esas son carajadas del padre Núñez y de los muchachos y, en este partido político, todo lo que venga del Capellán del Ejercito de Liberación Nacional, son santa palabra y se acogen”. Daniel Oduber hizo una defensa ideológica a fondo y Luis Alberto le dio al Manifiesto de Patio de Agua el toque y la sensibilidad costarricense que fue siempre parte de su personalidad política. Sea como sea, el Manifiesto de Patio de Agua revitalizó a la social democracia costarricense y le dio al PLN ideas, propuestas, tiempo y espacio político para las luchas electorales de la década de los años setenta y ochenta. ¡Qué tiempos aquellos!

No es del caso profundizar ahora, 50 años después, en el Manifiesto de Patio de Agua. Aquello fue una respuesta desde la social democracia a los problemas y las realidades del mundo y a la Costa Rica de aquel entonces. El mundo y el país son hoy otra cosa. Además, las tesis de Patio de Agua se cumplieron en los gobiernos del PLN. Pero sí quiero decir que el espíritu de lucha y de lealtad de aquel entonces, transmitido a mi generación política por quienes forjaron el Espíritu del 48, es lo que más falta le está haciendo al Partido Liberación Nacional del presente. Ciertamente es un asunto de liderazgo, pero es fundamentalmente un asunto de espíritu de lucha, en un partido político cuyo signo y razón de ser, desde siempre y para siempre, debe ser la lucha sin fin…

Patio de Agua: Manifiesto Democrático para una Revolución Social

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