CADA día se agiganta más la figura de aquel gran hombre, el Licenciado don Claudio González Rucavado, que fué ejemplo de moral y honradez para todas las generaciones. En alguna oportunidad, cuando el Licenciado González Rucavado alcanzó con sus prestigios y su talento extraordinario puestos prominentes en el foro nacional, llegó a su despacho un señor muy conocido de los costarricenses, a pedirle que sacara de la cárcel a su hijo que estaba preso en la isla de San Lucas.
Don Claudio escuchó con toda atención a su visitante, y después de un rato de meditación, dijo:
—»¿Por qué se encuentra su hijo preso?».
Y la respuesta del visitante no se hizo esperar:
—»Por haber asesinado»…
Entonces, el abogado de las buenas causas, cuya moral fué el secreto de que muchos de sus aventajados discípulos llegaran a la cumbre de la gloria, le replicó:
—»Siento mucho no poderlo defender. LE RUEGO BUSCAR A OTRO ABOGADO».
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