Línea Internacional
Guadi Calvo
Deben ser muy pocas las personas en el mundo que, a cuarenta días de comenzada la guerra de la Liga Epstein contra Irán, no puedan ubicar con exactitud de cartógrafo el sensible estrecho que separa el Golfo Pérsico del Golfo de Omán y todas las consecuencias que su cierre acarrea a la economía global.
El pedido de alto el fuego, presentado en tiempo de descuento por Pakistán, de hecho, un proxy histórico de Washington, para evitar que Trump se vea obligado a cumplir con su promesa de borrar una civilización entera en una noche, llevando a 93 millones de personas a la edad de la piedra. Detrás de esa salida de último momento ha estado la presión de China. Ya que, de ser destruido el sistema de explotación petrolera de la República Islámica, se vería comprometida su propia industria. La que Irán lo abastece, según el momento, entre el 50 y el 80 por ciento de sus necesidades en esa materia de energía.
Por otra parte, Trump necesitaba que alguien le tendiera un puente de plata, para poder escapar del lugar que su verborragia desbocada lo había puesto y que tanto escozor provocaron en el mundo entero, frente a la posibilidad de lo que podría sobrevenir de lo que se iba a convertir en el mayor genocidio jamás registrado en la historia.
De hecho, el comunicado firmado por Shehbaz Sharif, el primer ministro de Pakistán, que fue aceptado con urgencia por Washington, la Casa Blanca obviamente lo había conocido antes de que se hiciera público. La oferta de Sharif, que tuvo la bendición del jefe del ejército pakistaní, Asim Munir, ya que nada se mueve en ese país sin su guiño, fue redactada íntegramente por Beijing con el consentimiento de Teherán.
Toda esta estratagema, para poder bajar a Trump de la peligrosa cornisa a la que él mismo se subió y con él al mundo.
Por otra parte, China reaccionó contra Tel Aviv por los severos daños provocados contra su red ferroviaria en Irán, la que desde el puerto seco de Aprin, en los suburbios de Teherán, llega a la ciudad de Xi’an, al este de Beijing, tras recorrer 10 mil kilómetros, una de las principales vías de aprovisionamiento petrolero de Beijing, por lo que el gobierno de Xi Jinping ya ha advertido que tendrán que pagar los daños antes de recibir más sanciones.
La inmediata repercusión mundial que tuvo el “logro” pakistaní trajo como primera consecuencia la caída del valor del barril de petróleo y una distensión general. Aunque entre tanto silencio, la respuesta de los judíos siguió siendo la misma desde hace casi 80 años: impedir la paz en Medio Oriente, por lo que continuó atacando en un primer momento a Irán, y continuó sus operaciones contra Líbano, donde desde la misma noche del anuncio del alto al fuego bombardea de manera incesante Beirut y otros puntos del país, habiendo asesinado, en apenas dos días, cerca de 400 civiles. Frente al habitual mutismo de la comunidad internacional.
Su fin es el de siempre, poner en riesgo la desescalada, cualquiera que sea, obligando a Teherán a amenazar a Trump con no abrir Ormuz si los sionistas no detienen su ofensiva contra Líbano.
En este punto comienzan discusiones leguleyas referidas a si la propuesta pakistaní incluye a Líbano o no; si incluye a la secta sionista o no. Aunque su verdadera intención es prolongar la guerra y su victimización. Con este accionar, la teocracia judía confirma la opinión generalizada de que, mientras persista la ocupación ilegítima de Palestina, Medio Oriente jamás tendrá paz y, como desde 1948, las guerras se seguirán sucediendo.
En este caso, y sumado el genocidio que se sigue perpetrando en Palestina, que ya provocó cerca de 400 mil muertos, la ola de indignación global contra los judíos se está propalando por el mundo. Aunque lo verdaderamente grave de continuar Benjamín Netanyahu con sus operaciones de exterminio es que cada judío terminará por convertirse en un blanco móvil.
La histórica torpeza de Donald Trump de permitirse atacar Irán, en plena conversaciones diplomáticas, fue provocada por la banda sionista que lo rodea, encabezada por su yerno Jared Kushner, su ex socio inmobiliario Steve Witkoff, a quienes nombró como delegados especiales en Medio Oriente, junto a su secretario de Defensa Pete Hegseth, quien tiene las horas contadas en el cargo, un ferviente sionista cristiano, que junto a Netanyahu, emboscaron al presidente el 11 de febrero pasado, en el Salón Oval de la Casa Blanca, en momentos que el vicepresidente J.D. Vance, quien se encontraba en Azerbaiyán y a pesar de sus antecedentes, se ha convertido en la única cabeza pensante en la piara de fanáticos, que quizás por la expectativa de quedar en reemplazo de Trump, si las conversaciones entre legisladores demócratas y republicanos llegan a un buen puerto para iniciar el mecanismo destitúyete.
La runfla sionista que mantuvo secuestrado por horas a Trump en la Casablanca, consiguiendo venderle un plan que demostraba que con solo decapitar el gobierno del ayatolá Ali Jamenei, bastaría para que el pueblo iraní salga a las calles en procura de un cambio de régimen, mientras las guerrillas del Rojhilat (Kurdistán iraní), rearmadas recientemente por la CIA y el Mossad, comenzarían a atacar posiciones tanto de Artesh, el ejército regular, como del mítico Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
Es evidente que se consiguió todo lo contrario, ya que, sobre la disidencia, que es numerosa, primó el sentido nacional, unificándose detrás del gobierno. Mientras que una ola mundial de simpatía hacia Irán, acabando con la leyenda negra de que es el gran responsable del terrorismo en el mundo, cuando en verdad posiblemente sea su principal víctima.
Daños colaterales
Pocas decisiones político-militares desde la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha han sido más equivocadas que la iniciada por la Liga Epstein del 28 de febrero pasado. Y que no se va a detener ante el endeble alto el fuego entre Estados Unidos e Irán.
Porque hay que decir que Irán ha conseguido la victoria, más allá de los altísimos costos pagados por su pueblo, provocados por los bombardeos indiscriminados, judío-norteamericanos, de los que quizás tarde décadas en recuperarse, más allá de que nunca se recuperará de sus miles de mártires, entre los que no hay que olvidar, ni por un momento, las ciento setenta niñas de la escuela de la ciudad de Minab, masacradas, con toda intención, en las primeras horas del conflicto.
De todos modos, por pírrica que haya sido esta primera parte de la guerra, quizás Irán deba seguir luchando por su subsistencia y, para ello, tendrá que continuar con su estrategia de alejar de sus fronteras cualquier presencia militar norteamericana, para lo que destruyó la mayoría de las bases militares que mantenía en la región, y desactivando para siempre el nada menos que su base naval en Bahréin, donde se estaciona su Quinta Flota, cuya misión era la supervisión del Golfo Pérsico, Mar Rojo, Mar Arábigo y partes del Océano Índico.
Otro de los objetivos que los persas tendrán que mantener activos es el de reducir al máximo, si no hasta la extinción, al enclave sionista que ocupa Palestina, al tiempo que será crucial alienar bajo las banderas del islām a las naciones del golfo, que han sido funcionales desde 1945 a las políticas de Washington, incluso contra los intereses de sus propios pueblos.
El despropósito de Trump no solo se limita a Oriente Medio, sino que, con la torpe gestión de la guerra, ha ayudado a fortalecer las posturas de China y Rusia, estos últimos los grandes ganadores económicos del conflicto, por el incremento de los costos del petróleo, uno de los principales activos de Moscú. Quien además sale fortalecido frente a Kiev, cuya situación está más cerca que nunca de desmoronarse, por el corte del flujo de armas de los Estados Unidos y la caída en picada de la influencia de la OTAN, políticamente devastada tras las reprimendas de Trump, quien, si sobrevive al desastre, retirará a su país de la organización atlantista, quienes han comprobado en carne propia su incompetencia, por lo que su existencia, hoy, está más discutida que nunca.
Sin mencionar la situación de muchos aliados de Washington, como Australia o Filipinas, y varios países europeos al borde del colapso energético y un Taiwán desarmado que por fin podría pasar a formar parte de la China continental cuando Beijing lo decida.
Mientras que el estrecho de Ormuz, cuyo libre paso nunca había sido discutido, a partir de ahora. Teherán se permitirá cerrarlo a su antojo, establecer peaje, además de que, como acaba de hacer, prohibir a perpetuidad el paso de embarcaciones sionistas o cualquiera que pueda transportar insumos hacia el enclave. En este contexto, el Secretario Hegseth no deja de gritar: “¡Victoria histórica y aplastante!”.
El descrédito de Trump en los Estados Unidos crece al ritmo del valor del galón de gasolina, lo que hace cada vez más factible que, al apaciguarse las aguas del Golfo Pérsico, representantes y senadores estén más cerca de disparar contra la foca gangosa la 25.ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, la que permite destituir a un presidente considerado incapaz de ejercer el cargo.
Por lo que será muy difícil que Trump pueda volver a argumentar la excusa, cierta o no, ya no importa, de que Irán continúe enriqueciendo uranio para conseguir armamento nuclear, aunque tampoco a nadie sorprendería si es que ya no lo tiene, provisto por alguno de sus principales aliados, China o Rusia, o incluso Corea del Norte, que tanto apoyo militar y de inteligencia le han provisto.
Las negociaciones que se comenzaron el viernes diez en Islamabad, la capital pakistaní, entre Teherán y Washington, que acaba de reconocer que Irán tiene al menos seis militares detenidos, tras el desastre del Ispahán, a partir de la fallida operación para robar los centenares de uranio enriquecido que presumiblemente guarda en algún lugar cercano a esa ciudad, que además provocó la destrucción de una gran cantidad de aeronaves (helicópteros de varios tipos, aviones de carga y cazas) junto a un número de muertos que Estados Unidos todavía esconde.
Cuánto permitirán los socios sionistas de Trump, que finalmente se retire derrotado y deba enfrentar en solitario las sombras chinas, también sobrevuelan Ormuz.
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