Luis Paulino Vargas Solís

Pongámoslo de esta forma: ¿qué habría dicho Chaves si, similar a como él lo hace hoy, Carlos Alvarado hubiese tomado, hace cuatro años, la misma decisión, adelantando la negociación a fechas atípicas para dejar el asunto finiquitado, previo a su relevo en la Presidencia de la República?
Podemos fácilmente imaginar la clase de berrinche que el señor Chaves habría montado: “es irrespetuoso y arbitrario” habría reclamado, sumido en copioso llanto y estrepitosas bombas de mocos.
Estoy de acuerdo: habría sido un acto arbitrario y una falta de respeto por parte de Alvarado.
Pero ¿deja de ser un acto irrespetuoso y arbitrario por el hecho de que quien relevará a Chaves es Laura Fernández?
No, claro que no. Sigue siendo igualmente irrespetuoso y arbitrario.
¿Por qué Laura Fernández lo admite sin ni siquiera chistar?
Pero, ¿no me diga que usted no ha notado que Chaves sistemáticamente busca ningunear a Fernández, como diciéndole: “yo sigo siendo el rey y usted seguirá siendo, siempre, y por el resto de la vida, mi subalterna?”
Ya eso es terrible. Pero mucho más terrible es que Fernández lo permita.
La cuestión empezó a manifestarse en el momento en que Chaves quiso nombrar a Fernández como ministra de la Presidencia, y ella aceptó.
Lo cual tenía implicaciones realmente graves, porque significaba colocar a la presidenta electa por los costarricenses, como subalterna a las órdenes del presidente en ejercicio, cuyo período estaba próximo a concluir. Eso constituía un penoso irrespeto a la figura y el estatus de la presidenta, pero, en especial, una afrenta a la voluntad expresada por los costarricenses en las urnas de votación.
Y, de nuevo, y para peores, se hizo con el beneplácito de Fernández.
La cuestión se ha reiterado en cada circo de los miércoles y en cada “plaza pública” de las que Chaves ha venido realizando en estas últimas semanas.
Siempre Fernández en un segundo plano, siempre empequeñecida y a la sombra de Chaves.
Jamás ningún presidente electo pasó por tal humillación. No me cabe ninguna duda de que Laura Chinchilla jamás lo habría permitido.
Si llega a cumplirse la ambición de Chaves de ser nombrado ministro de la Presidencia, lo que tendremos será la definitiva bancarrota de la administración Fernández Delgado. O sea: una presidenta convertida en segundona y sirvienta.
Tengo muchas y bien fundadas razones para disentir de las ideas de Fernández. Pero, independientemente de eso, sí deseo verla como lo que debe ser: una presidenta de Costa Rica en pleno ejercicio de sus funciones, responsabilidades y potestades, de acuerdo con lo que prescriben la Constitución y las leyes.
Es lo que corresponde, puesto que ella pidió ser electa presidenta, y es la obligación que la ciudadanía costarricense le impuso al elegirla.
Pero el asunto se vuelve más importante precisamente porque es mujer.
Ninguna mujer necesita estar a la sombra de ningún hombre para llevar adelante sus proyectos de vida.
Mucho menos a la sombra de un machista recalcitrante y violento como Chaves.
– Economista jubilado
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