El silencio de los «puros»
🎭 La memoria selectiva
Hay que reconocerle una habilidad sobrehumana a la fauna chavista: su capacidad para sufrir de amnesia súbita cuando el escándalo les salpica el patio. Hace unos años, se rasgaban las vestiduras, pedían hogueras públicas y hablaban de «limpiar el templo» cada vez que saltaba un nombre relacionado con Figueres o con aquellos inolvidables «Ángeles del PUSC». En aquel entonces, la indignación era su bandera y la moralidad su escudo. ¡Qué tiempos aquellos de pureza virginal en las redes sociales!
⚖️ El abogado del diablo (o de «Chanchita»)
Pero ¡ay, amigos!, cómo cambian las cosas cuando el que aparece en el rótulo de un bufete bajo sospecha de la DEA es José Miguel Villalobos, el abogado de cabecera de Zapote y flamante diputado electo. De repente, los que gritaban «corrupción» a los cuatro vientos han perdido el habla. Ahora resulta que «hay que esperar el debido proceso», que «el nombre en el rótulo era por pura amistad» y que «no sabían nada».
El silencio de los chavistas ante las andanzas sureñas de Villalobos y su socio alias «Chanchita» no es prudencia, es hipocresía destilada. Es esa doble medida donde el pecado ajeno es traición a la patria, pero el pecado propio es apenas un «malentendido entre compas».
🦂 El Aguijón
Dime con quién te anuncias y te diré quién eres, dice el refrán. Pero en la Costa Rica de la «Prosperidad», el refrán se ha actualizado: «Dime a quién apoyas y te diré qué escándalo vas a callar».
¡Manda la parada! Se llenaron la boca hablando de casta y de ética, pero ahora se esconden detrás del dedo cuando el OIJ toca a la puerta de sus aliados. Si usted pegó el grito al cielo con los pecados del pasado pero hoy se hace el de la vista gorda con las amistades peligrosas en Ciudad Neily, déjeme decirle que su moralidad tiene precio y su indignación es de alquiler. El Escorpión no olvida: la hipocresía es el lubricante que mantiene girando la rueda de esta «nueva» política que huele exactamente igual a la vieja, solo que con un megáfono más ruidoso y una vergüenza mucho más corta. ¡Abran el ojo, que el rótulo del bufete no es un ectoplasma, es una realidad grabada en piedra!
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