El Fumigador del hemisferio
🧹 Escobas en lugar de Embajadores
Desde las bajuras guanacastecas, el presidente Rodrigo Chaves ha decidido colgarse el traje de «limpiador regional». Con un lenguaje más propio de un cuartel que de una cancillería, anunció la ruptura de relaciones con Cuba bajo la consigna de que «hay que limpiar al hemisferio de comunistas». Al parecer, para Zapote, la diplomacia ya no es el arte de la negociación y el Derecho Internacional, sino un ejercicio de higiene ideológica donde las embajadas se cierran como quien clausura un local por falta de patente sanitaria.
🎭 La mano «invisible» y el guion prestado
Resulta curioso —por no decir sospechoso— que esta «valiente» decisión coincida palabra por palabra con el discurso de «enough is enough» que llega desde Washington. Como bien apunta el expresidente Luis Guillermo Solís, usar la huida diplomática como recurso de protesta es, en el mejor de los casos, inoportuno, y en el peor, una muestra de obsecuencia. Costa Rica, que solía brillar por su independencia y sus «buenos oficios» en momentos de turbación, ahora prefiere el portazo y la atención desde Panamá, dejando a los ciudadanos y a la diplomacia en el limbo por seguir un guion que no se escribió en San José.
🛡️ El blindaje de la continuidad
Para que no queden dudas de que el rumbo está marcado, Chaves se apresuró a decir que la presidenta electa no solo «aprueba» la decisión, sino que mantendrá la línea. Es el sello de una política exterior que ha dejado de defender los intereses nacionales para convertirse en un eco de fuerzas externas. Al «comerse la bronca» de limpiar el barrio, el Gobierno parece olvidar que la soberanía no se demuestra cerrando puertas, sino manteniendo la altura moral y la independencia que una vez nos hizo grandes en el concierto de las naciones.
🦂 El aguijón
Al final, el «fumigador» de Zapote corre el riesgo de quedarse solo en un cuarto vacío. Romper relaciones con Cuba no va a liberar a la isla, pero sí encadena la política exterior costarricense a los caprichos de una mano «invisible» que hoy nos pide limpieza y mañana quién sabe qué más. Cuando la diplomacia se reduce a frases de campaña y gestos de sumisión, lo que se limpia no es el hemisferio, sino el rastro de dignidad que le quedaba a nuestra tradición internacional.
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