Un mono viral, su peluche y un experimento de hace 70 años

Lo que Punch nos enseña sobre la teoría del apego

David Mareuil/Anadolu via Getty Images

Mark Nielsen, The University of Queensland

Un pequeño macaco llamado Punch se ha convertido en un fenómeno viral por su conmovedora búsqueda de compañía.

Después de ser abandonado por su madre y rechazado por el resto de su manada, los cuidadores del zoológico de Ichikawa City, en Japón, le dieron a Punch un peluche de orangután para que le hiciera las veces de madre. Los vídeos del mono aferrado al peluche han circulado por todo el mundo.

Pero el apego de Punch a su compañero inanimado no vale solo para contextualizar un vídeo emocionante. También nos recuerda la historia de una serie de experimentos psicológicos realizados en la década de 1950 por el investigador estadounidense Harry Harlow.

Los resultados de sus experimentos sustentan muchos de los principios fundamentales de la teoría del apego, que considera que el vínculo entre padres e hijos es crucial para el desarrollo infantil.

¿En qué consistían los experimentos de Harlow?

Harlow tomó monos rhesus recién nacidos y los separó de sus madres. A cambio, fueron criados en un recinto en el que tenían acceso a dos “madres” sustitutas. Una era una jaula de alambre con forma de mono “madre”, que podía proporcionar comida y bebida a través de un pequeño comedero. La otra era una muñeca con forma de mono envuelta en felpa. Esta muñeca era suave y cómoda, pero no proporcionaba comida ni bebida; era poco más que una figura peluda a la que el bebé mono podía aferrarse.

Un mono descansa acurrucado contra su madre sustituta de tela.
La ‘madre’ de alambre y la ‘madre’ blanda en el experimento de Harlow.
Harlow, H. F. (1958). The nature of love. American Psychologist, 13(12), 673–685.

Así pues, tenemos una opción que proporciona comodidad, pero no comida ni bebida, y otra que es fría, dura y áspera, pero que brinda sustento alimenticio.

Estos experimentos fueron una respuesta al conductismo, que era la teoría predominante en aquella época. Los conductistas sugerían que los bebés establecen vínculos afectivos con quienes satisfacen sus necesidades biológicas, como la alimentación y el refugio.

Harlow cuestionó esta hipótesis al sugerir que los bebés necesitan cuidados, amor y amabilidad para crear vínculos afectivos, y no solo alimento físico. Un conductista habría esperado que los monos bebés pasaran todo el tiempo con la “madre” de alambre que les alimentaba. Pero eso no fue lo que ocurrió: pasaban mucho más tiempo cada día aferrados a la “madre” de felpa.

Los experimentos de Harlow en la década de 1950 establecieron la importancia de la suavidad, el cuidado y la amabilidad como base del apego. Harlow demostró que, dada la oportunidad, los bebés prefieren el alimento emocional al físico.

¿Cómo influyó esto en la teoría moderna del apego?

El descubrimiento de Harlow fue significativo porque reorientó por completo la visión conductista dominante de la época. Esta sugería que los primates, incluidos los humanos, funcionan en ciclos de recompensa y castigo, y forman vínculos afectivos con quienquiera que satisfaga sus necesidades físicas, como el hambre y la sed.

El alimento emocional no formaba parte del paradigma conductista. Así que cuando Harlow realizó sus experimentos, dio un giro radical a la teoría imperante. La preferencia de los monos por el alimento emocional, en forma de abrazos a la “madre” sustituta cubierta de una manta de felpa, sentó las bases para el desarrollo de la teoría del apego.

La teoría del apego postula que el desarrollo saludable del niño se produce cuando este tiene un “apego seguro” a su cuidador. Esto se consigue cuando los padres o cuidadores proporcionan nutrición emocional, cuidados, amabilidad y atención al niño. El apego inseguro se produce cuando los padres o cuidadores son fríos, distantes, abusivos o negligentes.

Al igual que con los monos rhesus, se puede alimentar a un bebé humano con todo lo que necesita, darle toda la nutrición dietética que requiere, pero si no se le proporciona calor y amor, no va a formar un apego.

¿Qué podemos aprender de Punch?

El zoológico no estaba llevando a cabo un experimento, pero la situación de Punch refleja el experimento controlado que realizó Harlow. El montaje se imitó en un entorno más natural, pero los resultados son muy similares.

Al igual que los monos de Harlow preferían a su madre de felpa, Punch ha creado un vínculo afectivo con su compañero de peluche. Lo que no ofrece el episodio del zoológico es la comparación con una opción más “dura” que proporcionara alimento físico.

Sin embargo, está claro que eso no era lo que buscaba el mono. Quería un lugar reconfortante, suave y seguro, y eso es lo que le brindaba el muñeco.

¿Fueron éticos los experimentos de Harlow?

La mayor parte del mundo reconoce ahora que los primates tienen derechos que, en algunos casos, son equivalentes a los derechos humanos. Hoy en día, consideraríamos los experimentos de Harlow como algo cruel y despiadado. No se le quitaría un bebé humano a su madre para observar sus reacciones, por lo que no deberíamos hacerlo con los primates.

Es interesante ver cómo la gente se siente tan fascinada por este paralelismo con un experimento realizado hace más de 70 años. Punch, el mono, no es solo la última celebridad animal de internet, sino que nos recuerda la importancia del alimento emocional.

Todos necesitamos espacios acogedores. Todos necesitamos espacios seguros. El amor y la calidez son mucho más importantes para nuestro bienestar y nuestro funcionamiento que la mera nutrición.The Conversation

Mark Nielsen, Associate Professor, School of Psychology, The University of Queensland

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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