Luis Paulino Vargas Solís
En lo económico, lo que vemos es un retorno al neoliberalismo duro del decenio de los noventa. Desde ese punto de vista, la referencia es obvia: el bipartidismo PLN-PUSC.
Es continuismo de ese neoliberalismo y continuismo del bipartidismo que lo impulsó.
En rigor lo que observamos es un intento por sacar del ataúd el “pacto Figueres–Calderón” de 1995.
La propia Fernández así lo expresa, aunque, al parecer, no tiene ni idea de lo que dice.
Así, por ejemplo, la escuché en un video decir que: “desde hace 35 años estamos hablando de la modernización eléctrica”. Para, enseguida, lanzar una especie de amenaza: “y ya llegó el coco y no queda más remedio que hacerla”. Y, como es usual, todo adobado en la salsa de una teatralidad que raya en lo esperpéntico.
No sabemos cuál es “el coco” que ella menciona. Podemos razonablemente suponer que es otro recurso retórico, carente de cualquier contenido relevante.
Pero, en realidad, no son 35 años como ella dice. La cuestión data de 1995-1996, o sea, 30-31 años. Porque fue en los marcos del susodicho “pacto Figueres – Calderón” en que el tema se puso en debate, y luego se plasmó –ya en el gobierno de Rodríguez Echeverría– en el polémico y malogrado “combo ICE”.
Pasa algo muy similar con la propuesta de privatización del Banco de Costa Rica (BCR), en el que la presidenta está tan interesada.
Por aquellos mismos años, el pretexto al que se apeló fue la deuda interna del gobierno. Y hasta se formó una comisión de exministros de Hacienda que, al modo de un senado de sacerdotes del templo, vino a recomendar la privatización de diversas empresas públicas, para poder abatir aquel “coco”: el de la deuda interna.
Ya entonces el BCR aparecía como una de las piezas de caza favoritas.
O sea, con Fernández estamos viviendo esa especie de “eterno retorno” que caracteriza al neoliberalismo: siempre volviendo sobre sí mismo, siempre reiterando las mismas recetas, una y otra vez, como el si el tiempo no pasase, como si el mundo fuera siempre el mismo, y como si siempre debiera volverse a hacer lo mismo.
Ya lo dije: es el “continuismo” del neoliberalismo duro de los noventa y el “continuismo” de la agenda bipartidista de aquellos años.
Pero también es un ejercicio de nostalgia, de añoranza de ese pasado.
– Economista jubilado
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