Destinos oscuros

La Peni │ San José, Costa rica

Risas infantiles sobre celdas de castigo. Nivel de oscuridad: 9

Museo de los Niños

En el corazón de San José, lo que hoy es una fachada de colores pasteles y un faro de aprendizaje para las nuevas generaciones, fue durante décadas el rincón más temido de Costa Rica. La Penitenciaría Central, conocida simplemente como la “Peni”, no era solo una cárcel; era un infierno de piedra y hacinamiento que operó desde 1910 hasta 1979. Hoy, el Museo de los Niños ocupa sus instalaciones, pero el eco de su pasado oscuro no se ha borrado; solo se ha cubierto con una capa de pintura.

Construida con una estética de fortaleza medieval, la «Peni» fue diseñada bajo el concepto del panóptico: un lugar donde el ojo del guardián debía alcanzarlo todo, pero donde la humanidad del reo se perdía en la penumbra. Quienes hoy recorren las salas interactivas caminan sobre el mismo suelo donde convivieron asesinos legendarios, presos políticos y hombres olvidados por el sistema. El contraste es brutal: donde hoy hay una exhibición sobre el espacio o la ciencia, antes hubo celdas de dos por dos metros donde sobrevivían hasta diez hombres en condiciones infrahumanas.

El nivel de oscuridad de este destino alcanza su punto máximo en la sección que el museo, con gran acierto histórico, decidió conservar: la antigua ala de celdas. Al cruzar esa puerta, la temperatura baja y el aire se vuelve denso. Ahí se pueden ver las inscripciones originales en las paredes, los camastros de piedra y las «tumbas», celdas de castigo donde el silencio y la oscuridad total eran la única compañía. Es en este sector donde el mito de «Cacho de Oro» y otras leyendas urbanas cobran vida, recordándonos que la «Peni» fue un lugar de tortura física y psicológica antes de ser un centro de luz.

Lo que hace a la Penitenciaría un destino oscuro único en el mundo es su transformación. En 1994, tras años de abandono y de ser un nido de delincuencia en ruinas, el edificio fue rescatado para convertirlo en el «Castillo de los Sueños». Es una metáfora poderosa de la sociedad costarricense: decidimos que el lugar donde antes se castigaba al hombre, fuera el lugar donde se formara al niño. Sin embargo, para el visitante con ojo crítico, las torres de vigilancia y los muros de metro y medio de ancho siguen contando la historia de un San José que prefería esconder sus tragedias tras muros infranqueables.

Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”

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