¡Pilar a la basura y la títere a la mesa!
¡Vaya, vaya! Si alguien buscaba una definición gráfica de la palabra «ingratitud», solo tiene que mirar hacia Zapote. Resulta que para la gran reunión de celebración con los diputados electos, el presidente Rodrigo Chaves y su sucesora, Laura Fernández, aplicaron la técnica del «visto» a quien fuera su máxima defensora. Pilar Cisneros, la que puso la cara, la voz y el hígado para defender cada exabrupto oficialista, confesó que simplemente… ¡no la invitaron! El mensaje de don Rodrigo es más claro que el agua: «Chivita, chivita, ya no me servís». La campaña ya pasó, el objetivo se cumplió y ahora la «maestra» estorba en la foto del nuevo poder. ¡Qué clase de pago para quien quemó hasta su último rastro de credibilidad periodística en el altar del chavismo!
🎭 De la «maestra» entrenadora a la «títere» entrenada
El desprecio a Pilar no es casualidad. Don Rodrigo ya tiene lo que quería: una sucesora que entrenaron a imagen y semejanza, pero sin el «desgaste» de la Cisneros. Pilar ya hizo el trabajo sucio, ya prestó su imagen cuando el barco hacía aguas y ya se incineró ante la opinión pública. Ahora, el «jefe» prefiere hacer fiesta con el país al lado de su nueva figura, dejando a Pilar en la puerta de la Casa Presidencial, como quien deja un mueble viejo que ya no combina con la nueva decoración. Nadie quiere a la «incendiaria» cuando lo que toca ahora es disfrutar del continuismo con una cara que —creen ellos— todavía no huele a quemado.
🦂 Picotazo al cierre: ¡Cuidado con el karma político!
Tomen nota de este veneno: en el mundo de los jaguares, no hay amigos, solo herramientas. Pilar Cisneros creyó que era parte del círculo de hierro, pero terminó siendo el fusible que se cambia cuando la instalación eléctrica ya está asegurada. Doña Pilar, váyase para la casa, que ya le usaron hasta el nombre y ahora le cierran la puerta en las narices. Y usted, doña Laura, ponga sus barbas en remojo, porque el que hoy descarta a su mentora con tanto cinismo, no dudará en hacer lo mismo con la «títere» cuando ya no le sirva para el baile.
¡Nada pica más que el frío desprecio de quien te usó para llegar a la cima!
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