Anatomía de una decadencia anunciada

La seriedad de la política en broma y con fisga

William Hayden Quintero

William Hayden

Ahora que el chavismo vino para quedarse cuál será el derrotero de los partidos políticos que participaron en las elecciones y perdieron. Comenté la semana pasada que ya hay tres que desaparecen, al menos en el Congreso, el de Luz Mary Alpízar, el de Eli Feiinzaig y el de Fabricio Alvarado, señal de que los partidos personalistas y con dueño no tienen futuro, tampoco el multipartidismo que es un fracaso, en estas elecciones quince partidos se quedaron sin el santo ni la limosna, sin presidente, sin diputados y sin financiamiento. Son muchos los diablos y poca el agua bendita.

El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) con esta derrota acumula seis consecutivas. Desde el 2002 con Abel Pacheco no ganan elecciones. En esta oportunidad, Juan Carlos Hidalgo su candidato estrella, ahora su sepulturero, lo hundió más, a diez metros bajo tierra y el cuerpo boca abajo, para que no vuelva. Sacó un 2.80% de los votos y solo un diputado, perdiendo ocho. Fue mejor candidata Lineth Saborio en las elecciones del 2022 quien obtuvo el 12.40% de los votos y 9 diputados, a la que él denigró por tontita. El futuro de esta agrupación es más oscuro que sobaco de mono. Los viejos lideres ya no dan para más y no se ve en la lontananza alguien que pueda levantarlo y desde luego Juan Carlos no es el indicado. Ya jugó. Tal vez Junior Calderón pueda juntar su partido Republicano Social Cristiano (en extinción) con el PUSC y ver que sale de ese rejuntado. Que pueden hacer en el congreso con una sola diputada, nada, una golondrina por más sofisticado su plumaje no hace verano.

El Partido Liberación Nacional (PLN) no se le queda atrás al PUSC. Con la pérdida en estas elecciones llevan cuatro consecutivas. No ganan desde el 2010 con Laura Chinchilla. Se presentaron a los comicios con cambios de estructuras, renovados y acabados. Quitaron a la vieja cúpula, pero esta se vengó no votando por Álvaro Ramos quien no era liberacionista y lo metieron por la cocina. Solo Oscar Arias y José María Figueres le dieron públicamente la adhesión, los otros ayatolas se escondieron, aunque quedan dudas de si esa adhesión fue más bien perjudicial. Fernando Berrocal más liberacionista que la bandera partidaria introdujo a Ramos hablando maravillas sobre su pupilo, fue uno de los padrinos que lo llevó a la pila bautismal, pero rápidamente lo abandonó y se fue del partido hablando pestes de su ahijado y del manejo de la campaña para apoyar a su sobrino bukelito José Aguilar el de partido Avanza A Ramos se le revelaron algunos cantones como San Ramón que fue una pesadilla, abandonaron las costas que se las sirvieron en bandeja al chavismo y a los codiciosos pastores evangélicos. El secretario del directorio Miguel Guillén como no pudo ser candidato a diputado por Alajuela se convirtió en una especie de candidato sin corona robándole espacio y protagonismo a Ramos dándose coba personal en sus redes. El directorio actual con Ricardo Sancho y Miguel Jiménez es una dupla perdedora, huelen a calas y deben irse. Como Ramos no forma parte del Directorio, ya cumplió con su papel de candidato debe jalar a la empresa privada, pero sí lo hace quien dirigirá y coordinará la fracción legislativa de 17 diputados de los cuales el chavismo quiere robarse 7 para tener la mayoría calificada de 38 votos, lo cual puede ser posible si aparecen los traidores que nunca faltan. Quien impedirá que eso pueda suceder. Quizás lo sensato es dejar a Ramos como presidente del Directorio, una especie de presidente ejecutivo con plenos poderes para hacer y deshacer, con buen salario para que no lo tienten en la empresa privada ni en organismos internacionales dado su buen currículo y pedigrí. El PLN se salvó con los diputados, sigue vigente, pero también está en vías de extinción y por lo tanto deben pellizcarse. Volver a sus raíces, pareciera que no, no hay campo para la socialdemocracia y menos con el populismo chavista, continuar solos es casi que una muerte anunciada, de ahí que quizás deban surgir como una coalición. Tienen tres años, antes de las próximas elecciones para redimirse y reinventarse en el 2030.

El Partido Acción Ciudadana (PAC) esta vez con maquillaje de coalición ya suma tres derrotas. Pese a la energía, frescura y ganas que le puso Claudia Dobles, no pudo resucitarlo. Ella se creía ganando el segundo lugar y disputando el repechaje con Laura Fernándes, pero fracasó en el intento. El pueblo no los quiere, no olvida los pésimos gobiernos de Solís y Alvarado, pero Claudia tuvo un premio de consolación, quedó de diputada, pero una no es ninguna. Puede ser posible que dentro de cuatro años vaya de nuevo a la candidatura presidencial montada en su trenecito.

Que debe hacerse con los partidos necios y masoquistas. Por ejemplo, Integración Nacional del Dr. Walter Muños, lleva ocho campañas, desde 1998 están dele que dele y no dan, llevan seis campañas con él, una con Juan Diego Castro (sigue parado en su escoba) y ahora con Luis Amador con su tufillo chavista quien se veía en la silla presidencial, debe regresar a Canadá y nunca más. Los troquistas del Partido de la Clase Trabajadora que en pleno siglo XXI viven en el siglo XIX añorando a Marx y Engel con el cuentito de los trabajadores al poder. Sueños de opio. Ya acumulan cinco campañas, seguirán insistiendo con su comunismo radical si tenemos al Frente Amplio que lleva seis campañas con su izquierda moderada y acomodada, pero con diputados incomodos que lo mantienen vivo y que paradójicamente, a pesar de ser rojillos, defienden a muerte nuestra democracia. El Partido Nueva Generación (que son viejos ya) con Sergio Mena es otro ejemplo, llevan cuatro campañas y siguen de masoquistas.

Creo que el Tribunal Supremo de Elecciones juntamente con la Asamblea Legislativa debe abocarse en estos próximos años a revisar y modificar las estructuras de los partidos, eliminar el multipartidismo, endurecer las reglas del financiamiento, legislar para evitar el masoquismo, ver la conveniencia de que las personas pueden aspirar a la presidencia y a diputados sin estar matriculados con un partido. Prohibir que las confesiones religiosas participen en política negociando prebendas por votos. Emigrar al voto electrónico y virtual. En fin, es hora del revisionismo y echar un ojo a las calidades morales y éticas de los candidatos a los puestos de elección popular eliminando que lo pillos y delincuentes sean legitimados en las votaciones y se ganen inmunidad e impunidad, evitar que el Congreso pueda convertirse en una especie de la Cueva de Ali Baba, hasta con narcos en sus curules. Algo hay que hacer, pero YA.

Economista jubilado

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