Wounded Knee │ Dakota del Sur, Estados Unidos
El eco de un final en las llanuras de Dakota
Lo que ocurrió aquí el 29 de diciembre de 1890 no fue una batalla, aunque la historia oficial intentara disfrazarla como tal por décadas. Fue un masacre. El 7.º Regimiento de Caballería rodeó a un campamento de la nación Lakota (Sioux), liderado por el jefe Big Foot. Mientras intentaban desarmar a los nativos, un disparo accidental desató una carnicería.
Cuando el humo de las ametralladoras Hotchkiss se disipó, cientos de hombres, mujeres y niños yacían muertos sobre la nieve. El viento de las llanuras todavía parece guardar el eco de esa tragedia que terminó por quebrar el espíritu de resistencia de los pueblos originarios de las grandes planicies.
El contexto de esta tragedia es profundamente espiritual. Los Lakota se habían volcado a la Ghost Dance (Danza de los Espíritus), un movimiento que prometía que, mediante la danza y la fe, los ancestros regresarían, el búfalo volvería a cubrir las praderas y el invasor blanco desaparecería. Para el ejército, esta danza fue interpretada como un signo de insurrección inminente; para los nativos, era el último suspiro de esperanza de un pueblo acorralado.
Visitar Wounded Knee hoy es enfrentarse a una pequeña colina, una fosa común y una sencilla cerca de alambre de púas adornada con listones de colores y ofrendas. Es un lugar que respira una tristeza pesada, pero también una resistencia inquebrantable. No olvidemos que en 1973, este mismo suelo fue ocupado por activistas del Movimiento Indígena Americano (AIM), recordando al mundo que los reclamos de justicia de los pueblos originarios siguen tan vigentes como hace más de un siglo.
Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”
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