Destinos oscuros

Emplazamiento de la prueba Trinity │ Nuevo México, Estados Unidos

El amanecer de un sol artificial

Trinity

En las áridas llanuras del Campo de Misiles de White Sands, Nuevo México, existe un monolito de piedra volcánica negra que marca el lugar exacto donde la humanidad dejó de ser la misma. El emplazamiento de la Prueba Trinity no es un museo convencional; es una cicatriz en el paisaje y en la historia. Fue aquí donde la teoría de Oppenheimer y el Proyecto Manhattan se materializó en una explosión que hizo que el director científico recordara las palabras del Bhagavad Gita: «Ahora me he convertido en la Muerte, la destructora de mundos».

Lo que hoy queda es un silencio sepulcral y una ligera depresión en el suelo. El calor de la detonación fue tan intenso que fundió la arena del desierto, creando un mineral nuevo, vítreo y radioactivo de color verde pálido: la trinitita. Aunque el ejército retiró la mayor parte del material, aún se pueden encontrar pequeños fragmentos que brillan bajo el sol como recordatorios de un fuego que alcanzó los millones de grados.

Visitar Trinity —abierto al público solo dos días al año— es un ejercicio de reflexión sobre el poder y la responsabilidad. El cráter original ha sido rellenado, pero la atmósfera de «lugar sagrado y terrible» permanece intacta. Es el destino oscuro definitivo porque representa el momento en que nuestra capacidad técnica superó, quizás irremediablemente, nuestra sabiduría política. En Trinity, el espejo se rompió y lo que vimos al otro lado fue la posibilidad real de nuestra propia extinción.

Basado en el libro “Atlas de los destinos oscuros”

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