Costa Rica primero, los partidos después

Por Cindy Bolandi

Costa Rica

Costa Rica hoy vive un punto de inflexión. Esto nunca fue un simple pulso entre partidos.

Fue —y sigue siendo— una decisión sobre el rumbo democrático del país.

Muchas personas sí comprendieron el peligro real de que el oficialismo se mantuviera en el poder. Muchas personas entendieron el sentido del voto útil. Y por eso votaron por Álvaro Ramos.

No era una adhesión partidaria. Era un acto de responsabilidad histórica. Era elegir contener un proyecto que ha debilitado instituciones, polarizado a la sociedad y normalizado el irrespeto.

Pero el riesgo va más allá de estilos o discursos. El verdadero peligro es abrir la puerta a reformas que debiliten las garantías individuales, la separación de poderes y el espíritu de nuestra Constitución.

Cuando se relativizan los derechos, se ataca a la prensa, se desacredita al Poder Judicial y se intenta concentrar poder, la democracia empieza a erosionarse desde adentro.

La oposición, como bloque, desperdició una oportunidad valiosa al no leer con claridad ese momento. Hoy no podemos darnos el lujo de más fragmentación, egos o cálculos pequeños.

Esto no es tiempo de ilusiones. Es tiempo de madurez política.

Si de verdad amamos a Costa Rica, el llamado es claro: apoyar una articulación real de toda la oposición. Con visión, con programa, con país.

Porque aquí no se trata de ganar una elección. Se trata de salvar la democracia, la institucionalidad y el futuro.

¡Costa Rica es lo primero!

Este es un llamado a quienes todavía dudan, a quienes aún creen que las diferencias internas pesan más que el destino de la nación. Hoy la historia nos observa. Y la historia no recuerda a quienes se quedaron cómodos, recuerda a quienes estuvieron a la altura.

Que este momento marque el nacimiento de una oposición responsable, valiente y comprometida con el país real: el que trabaja, el que produce, el que sueña y el que exige respeto. Una oposición que no compita por protagonismo, sino que compita por soluciones.

Si algo nos ha enseñado este proceso es que cuando el pueblo despierta, ningún aparato de poder es invencible. Que ese despertar se convierta ahora en organización, unidad y propósito.

4 de febrero de 2026

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