La batería de Bagdad
¿Electricidad en la antigua Mesopotamia?
Imaginen que están excavando en las afueras de Bagdad, en 1936, y en lugar de encontrar estatuas de dioses o tablillas de arcilla, encuentran algo que parece un experimento de laboratorio de secundaria. Se trata de la famosa Batería de Bagdad.
Se encontraron jarrones de arcilla de unos 14 centímetros de alto que contenían un cilindro de cobre fijado con asfalto, y dentro de ese cilindro, una vara de hierro. Para cualquier ingeniero moderno, esto tiene una pinta sospechosa de pila galvánica.
Varios científicos han construido réplicas exactas y, al llenarlas con un electrolito común en la época (como jugo de uva o vinagre), ¡sorpresa! La batería produce entre 0,5 y 1,1 voltios. No sirve para cargar un iPhone, pero sí para algo muy específico: la galvanoplastia.
¿Joyeros con tecnología punta? Se cree que los partos (250 a.C. – 224 d.C.) pudieron usarlas para dorar o platear joyas mediante electrodeposición, un proceso que «oficialmente» se inventó en el siglo XIX.
¿Efectos religiosos? Algunos sugieren que se conectaban a ídolos metálicos para que, al tocarlos, los fieles sintieran un «toque divino» (un calambre), aumentando el respeto por los sacerdotes.
¿Simple almacenamiento? Los arqueólogos más escépticos dicen que eran solo recipientes para guardar rollos de papiro que se desintegraron con el tiempo. Pero, ¿para qué tanto metal y asfalto entonces?
El mayor enigma no es si funcionaba, sino por qué desapareció el conocimiento. Si los antiguos tenían el secreto de la electricidad básica, ¿por qué no lo desarrollaron? ¿Fue un secreto gremial que murió con sus maestros o simplemente un invento que no encontró un uso masivo?
Hoy, las piezas originales están rodeadas de incertidumbre tras el saqueo del Museo de Bagdad en 2003, dejando este misterio más «apagado» que nunca.
Inspirado en el libro “Misterios sin resolver: Eventos bizarros que han intrigado las grandes mentes”
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