El enigma de la señal «Wow!»
¿Un susurro de otra civilización?
El astrónomo Jerry Ehman no estaba escuchando en tiempo real; revisaba los registros impresos por la computadora días después. Entre las columnas de números que representaban el ruido blanco del espacio, aparecieron seis caracteres que rompían toda lógica: 6EQUJ5.
Impactado por la intensidad de la señal, Ehman tomó un bolígrafo rojo, rodeó el código y escribió una sola palabra en el margen: «¡Wow!». No era para menos. Aquella secuencia no era un mensaje con palabras, sino una representación de la potencia de la señal, que alcanzó un pico 30 veces superior al ruido de fondo estelar.
Lo que hace que la señal «Wow!» sea el misterio más persistente de la radioastronomía no es solo su potencia, sino sus características técnicas:
La frecuencia de hidrógeno: La señal se emitió en los 1420 MHz. Esta es la frecuencia del hidrógeno, el elemento más común del universo. Los científicos del proyecto SETI siempre han postulado que cualquier civilización que quiera ser encontrada usaría esta «frecuencia universal» como un lenguaje común.
Los 72 segundos de gloria: Debido a la rotación de la Tierra y al diseño del telescopio, una señal proveniente de un punto fijo en el espacio debía durar exactamente 72 segundos. La señal «Wow!» duró exactamente eso, ni un segundo más ni uno menos.
Un origen profundo: La señal parecía provenir de la constelación de Sagitario, en una región del cielo donde no hay planetas ni estrellas cercanas que pudieran generar una interferencia accidental.
A pesar de que el telescopio siguió apuntando a ese mismo punto durante meses y años, la señal nunca se repitió. Fue un evento único, un «grito» en la oscuridad que se apagó para siempre.
Teorías
La tesis extraterrestre: Durante décadas fue la explicación más sólida. Una señal tan estrecha y en esa frecuencia específica tiene todas las firmas de ser artificial.
La teoría de los cometas: En 2016, surgió la hipótesis de que el paso de dos cometas (266P/Christensen y P/2008 Y2) pudo liberar nubes de hidrógeno que causaron la señal. Sin embargo, muchos radioastrónomos la rechazan, argumentando que los cometas no producen señales tan nítidas ni potentes.
Interferencia terrestre: Se ha especulado con satélites secretos o señales militares reflejadas en basura espacial, pero ninguna de estas opciones explica por qué la señal tenía las características exactas de una fuente proveniente del espacio profundo.
Casi cincuenta años después, la señal «Wow!» sigue siendo nuestra mejor evidencia de que allá afuera podría haber alguien intentando comunicarse. O quizás, fue simplemente un fenómeno natural que aún no comprendemos. Sea como sea, ese trozo de papel con el círculo rojo de Jerry Ehman sigue siendo el recordatorio de que el universo es mucho más ruidoso y misterioso de lo que nuestros sentidos perciben.
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