Misterios sin resolver

Lágrimas de sangre

¿Milagro o mecánica del engaño?

Siracusa

Desde pequeñas aldeas en Italia hasta barrios populares en América Latina, el fenómeno de las imágenes que lloran —agua, aceite o sangre— ha movilizado a millones de personas. Para los creyentes, es un mensaje de dolor divino; para los escépticos, es un truco de capilaridad o fraude piadoso.

El fenómeno no es nuevo, pero tres casos modernos marcaron un antes y un después en la investigación de estos «milagros»:

La Virgen de las Lágrimas de Siracusa (1953): Es el único caso plenamente reconocido por la Iglesia. Durante cuatro días, una pequeña imagen de yeso lloró lágrimas humanas. Un equipo de científicos analizó el líquido y confirmó que su composición era idéntica a la de una lágrima humana. El Papa Pío XII lo declaró auténtico.

La Virgen de Civitavecchia (1995): Una estatua traída de Medjugorje comenzó a llorar sangre. El análisis de ADN reveló que la sangre era humana y masculina. Lo más inquietante es que la imagen lloró frente a los ojos del obispo local, quien inicialmente era un escéptico total.

Akita, Japón (1973): Una estatua de madera de la Virgen María lloró 101 veces. Un profesor de la Universidad de Akita analizó los fluidos y concluyó que eran sangre, sudor y lágrimas humanas reales.

La ciencia ha intentado «desmitificar» estos eventos con varias teorías:

Capilaridad y porosidad: Muchas estatuas están hechas de yeso o cerámica porosa. Si la estatua está barnizada por fuera pero tiene un pequeño hueco en el interior, cualquier humedad atrapada puede filtrarse por los puntos donde el barniz es más delgado (generalmente los ojos).

Condensación: En climas húmedos, la diferencia de temperatura entre la estatua y el ambiente puede crear gotas de agua que parecen brotar de la superficie.

El fraude deliberado: Se han descubierto casos donde se inyectaba sangre (a veces de animal) mediante pequeños orificios casi invisibles o se usaban sustancias que se derriten con el calor de las velas cercanas.

Contrario a lo que se piensa, el Vaticano es extremadamente riguroso. La mayoría de estos casos son declarados Non constat de supernaturalitate (no consta su origen sobrenatural). La Iglesia teme que el fraude aleje a los fieles, por lo que somete a las imágenes a rayos X y análisis genéticos antes de dar cualquier aval.

Lo que queda en el aire es el porqué. ¿Por qué necesitamos ver a una imagen llorar para reafirmar nuestra fe? Quizás, como dice la frase popular, «el corazón ve lo que el ojo ignora», y en esa delgada línea entre el truco químico y el misterio inexplicable es donde sobrevive la esperanza de muchos.

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