Misterios sin resolver

El misterio de las huellas de Devonshire

El rastro que cruzó los techos

Las huellas de Devon

La mañana del 9 de febrero de 1855, los habitantes del sur de Devon, Inglaterra, despertaron ante un espectáculo que desafiaba la lógica y la fe. Tras una noche de nevada intensa, una línea interminable de huellas aparecía impresa en la nieve. Pero no eran huellas comunes.

Eran marcas con forma de pezuña hendida (como las de un asno o una cabra), de unos 10 centímetros de largo. Lo que desató el pánico no fue la forma, sino el recorrido:

La distancia: Las huellas cubrían una distancia de casi 160 kilómetros.

La trayectoria: El rastro no se desviaba ante obstáculos. Las marcas subían por paredes verticales, cruzaban los tejados de las casas, atravesaban pajares y, lo más asombroso, parecían entrar y salir de tuberías de desagüe de apenas 10 centímetros de diámetro.

La marcha: A diferencia de un animal cuadrúpedo, las huellas avanzaban en una línea recta perfecta, una delante de la otra, como si quien las dejó caminara en dos patas con una precisión sobrenatural.

En una época de profunda religiosidad, la conclusión fue inmediata: Satán había caminado entre ellos. Las iglesias se llenaron y los hombres salieron armados con horquillas y escopetas buscando a la «bestia». El pánico duró semanas, alimentado por el hecho de que en algunos lugares las huellas parecían «quemar» la nieve hasta llegar a la tierra.

Teorías

De loo racional a lo fantástico

A lo largo de los años, se han propuesto varias explicaciones para resolver el misterio de Devonshire:

Globos experimentales: Se dice que un globo del arsenal de Devonport pudo soltarse, arrastrando una cadena con eslabones en forma de herradura que golpeaba la nieve. Esto explicaría por qué las huellas «subían» por los techos.

Ratones de campo: Algunos naturalistas sugirieron que los saltos de los ratones en la nieve, al derretirse un poco y volverse a congelar, podían tomar forma de pezuña. Pero, ¿160 kilómetros en una noche?

Histeria colectiva: La idea de que diferentes rastros de animales (nutrias, tejones, liebres) fueron interpretados como uno solo debido al miedo.

Criptozoología: Algunos creen en una criatura desconocida o un fenómeno de «teleportación» de huellas.

¿Qué pasó realmente aquella noche de febrero de 1855? ¿Fue un fenómeno natural extraordinario, un elaborado engaño, o el rastro de algo que desafía nuestra comprensión? La «prueba del diablo» sigue siendo un enigma congelado en el tiempo.

Inspirado en el libro “Misterios sin resolver: Eventos bizarros que han intrigado las grandes mentes”

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