Misterios sin resolver

El Enigma de Roanoke

La colonia perdida que desafía la historia

Roanoke

Isla de Roanoke, 1587. Un sueño ambicioso de establecer la primera colonia inglesa en el Nuevo Mundo zarpa con 115 almas. Al mando, John White, gobernador y artista, cuya nieta, Virginia Dare, pasaría a la historia como la primera niña inglesa nacida en América. Lo que siguió, sin embargo, se transformaría en uno de los mayores misterios sin resolver de la historia: la desaparición de una comunidad entera sin dejar rastro.

El plan era sencillo: White regresaría a Inglaterra para buscar provisiones frescas y más colonos. Pero los caprichos de la historia, en forma de la inminente guerra con la Armada Invencible española, lo retuvieron. Tres largos años pasaron antes de que White pudiera volver a pisar las orillas de Roanoke en 1590. La visión que lo recibió fue el preámbulo de una pesadilla: el asentamiento estaba desierto.

No había humo en las chimeneas, ni voces de niños, ni señales de lucha violenta. Las casas habían sido desmanteladas con calma, no incendiadas o saqueadas. Era como si los colonos hubieran empacado sus vidas y simplemente se hubieran desvanecido en el aire. El silencio era total, opresivo, cargado de preguntas.

La desolación solo ofrecía una pista, críptica y enigmática. Grabada en un poste del fuerte que los colonos habían erigido, la palabra «CROATOAN» se alzaba como un monumento al misterio. En un árbol cercano, de forma más apresurada, se leían las letras «CRO». White, con el corazón encogido, recordó un pacto: si se veían obligados a abandonar la isla por peligro, tallarían una cruz de Malta en un árbol. No había ninguna cruz.

La palabra «Croatoan» apuntaba a la cercana isla de Hatteras, hogar de una tribu nativa amiga. ¿Se habían mudado allí? ¿Se habían asimilado? La esperanza de White de encontrar a su familia y a su nieta se mezclaba con el terror de lo desconocido.

Siglos de investigación han intentado desentrañar el destino de los colonos. La teoría más socorrida sugiere una fusión cultural con las tribus nativas debido a la escasez de alimentos y el aislamiento. Documentos españoles de la época y la tradición oral de los iroqueses sugieren que algunos colonos pudieron haber sobrevivido, mezclándose con la población indígena. Pero no hay pruebas definitivas, ni huesos ingleses junto a herramientas nativas, ni un asentamiento claro que diga: «Aquí estuvieron».

Otras teorías, más sombrías, hablan de masacres por parte de tribus hostiles o incluso de incursiones españolas que eliminaron a los asentamientos ingleses. Sin embargo, la ausencia de cualquier señal de violencia a gran escala en el sitio original sigue siendo un argumento poderoso en contra. ¿Pudieron intentar un desesperado viaje de regreso a Inglaterra, naufragando en el inmenso Atlántico?

La «Colonia Perdida» de Roanoke se erige como una advertencia atemporal sobre la fragilidad de la aventura humana y los vastos silencios que el tiempo puede imponer a la historia. Su enigma sigue en pie, un fantasma en el inicio de una nación, preguntándonos qué se llevaron consigo aquellos 115 colonos cuando, simplemente, dejaron de estar.

Inspirado en e libro “Misterios sin resolver: Eventos bizarros que han intrigado las grandes mentes”

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