La gran Ruta de la Seda fue el intercambio comercial y cultural más rico de la historia. Se instauró durante el siglo I a.C., en la cuenca del Tarim para consolidar una ruta entre Occidente y Oriente. Caravanas de camellos, hombres y caballos transportaban piedras preciosas y especias a lo largo de miles de kilómetros, aunque la interconexión de ideas y religiones fue quizá su mayor valor. Entre Roma y Beijing, Kirguistán era un cruce de caminos, la puerta de entrada de China al oeste. La ruta discurría por un complejo laberinto de senderos sobre algunos de los desiertos y montañas más peligrosos del mundo, al acecho de bandidos y salteadores. Hitos señalados eran los gélidos pasos de Torugart y Kok Art y la antigua y floreciente ciudad de Osh, que fue arrasada en el siglo xiii por Gengis Kan.
El lago Song Kol, rodeado de colinas, es el segundo más grande del país, después del Issyk Kul. Cuando las nieves se funden, los pastores suben a los prados e instalan sus yurtas para pasar el verano.
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