Los descontentos, los incomprensivos, no pensaban más que en derrocarlo y en asesinarlo. Se reunían en diferentes casas particulares a tramar y a fraguar revueltas y cuartelazos que nunca se realizaban. Indudablemente que la figura del General Guardia infundió respeto a los costarricenses.
El grupo de descontentos decidió por fin fraguar una revolución. Tenía que estallar en San José en cierta fecha indicada. El General Guardia lo sabía.
El día anterior a la fecha para derrocarlo y asesinarlo, don Tomás se presentó solo a la casa donde estaban reunidos los cabecillas revoltosos, y les dijo:
—-“No esperen el día de mañana paro matarme. Si son valientes, háganlo ahora mismo”.
Tomado del Anecdotario Nacional de Carlos Fernández Mora. Dibujos de Noé Solano. Usado con autorización.
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